Últimas noticias

El Cristo del Greco sevillano

JUAN PEDRO LENDÍNEZ. En este año del Señor de 2014 se cumple dos efemérides que podrían parecer ajenas la una de la otra, pero seguramente, tras lo que les voy a relatar, puede que tengan mucho en común. Setenta y cinco años de la fundación de la Hermandad de la Paz de la parroquia de San Sebastian, en el regionalísimo barrio del Porvenir son motivo para dedicar algunas palabras en honor de esta para mi admiradísima hermandad y cofradía. Con la Guerra Civil aún muy presente se funda esta hermandad de penitencia en el barrio de la Plaza de España con advocaciones quizás muy afines al periodo bélico que poco tiempo antes había concluido. Una dolorosa, que se vestiría de blanco, bajo palio de hilos de plata y neogoticismo en la filigrana orfebre llenaría de gozo aquella zona despoblada de hermandades hasta entonces. Seria ella una de las emprendedoras fundaciones cofradieras dentro del movimiento social tan catolicista que se comenzó a impulsar desde aquel “nacional-catolicismo”. Para representar al titular cristífero se optó por una escenografía totalmente novedosa en la historia de la Semana Santa sevillana y quizás en el arte, aunque como tantas veces ha ocurrido, el mismo arte ha servido como fuente de inspiración para nuevas creaciones.

Además en este año se cumplen cuatrocientos años de la muerte de un genio, Doménikos Theotokópoulos, el inmortal pintor griego que rápidamente conocerán cuando revele cómo fue conocido universalmente cuando se afincó en España; “El Greco”. ¿Y que tiene que ver el Greco con la Hermandad de la Paz? Si viajamos en el tiempo a los primeros años procesionales de la cofradía o incluso a algunos de los últimos años podemos encontrar una característica muy especial en la imagen que gubiase en 1940 don Antonio Illanes, el Señor de la Victoria, presentando algunas singularidades que lo diferencia del resto de Cristos sevillanos y casi de toda la geografía andaluza, tales como vestir túnica de tejido -no tallada-, de color rojo o burdeos pero sobre todo por cargar sobre su hombro con un mantolín hebreo de color azul, amén de su mirada alzada al cielo y el formato de cruz de aquellos primeros años, de sección plana en lugar de arbórea, algo que algunos eruditos podría atribuir a una fuente inspiradora de las escuela castellana, pero tal vez nada más lejos de la realidad.

Quizás esta especial iconografía y presentación primigenia del Señor del Porvenir tenga muchas connotaciones con la obra del Greco, donde quizás Illanes pudo tomar como inspiración para crear este pasaje de la Pasión de Cristo. Entre las obras más conocidas del griego destaca un lienzo donde se refleja a Jesús de Nazaret cargando con la cruz a cuestas, en concreto el lienzo titulado “Cristo abrazado a la cruz”, una obra realizada entre 1597 y 1600 durante su último período toledano y que se exhibe permanentemente en las salas del que los eruditos consideran como el tercer mejor museo del mundo, el Museo del Prado de Madrid. En la obra, el Greco refleja a un Jesús con la mirada al cielo, con corona de espinas, más que cogiendo la cruz, parece en el momento en que la recoge por parte de sus verdugos y la abraza haciendo que pierda en cierto modo todas las connotaciones tormentosas y torturadoras al significarse como el trono sobre el que Nuestro Señor redimió a la humanidad. Cruz de sección plana, como apuntan los expertos, una herencia de la pintura renacentista y manierista. En tal genial obra, el Greco consigue aislar al Redentor de cuanto acontece a su alrededor, estableciendo al fondo una atmósfera neutra en la que se recorta la figura del Señor. Además en ella se muestra más que una escena en una búsqueda de realismo con los tormentos camino del calvario, nos muestra a un Cristo dotado de una gran divinidad, con mucha planta de rey, de excelso poder asumiendo su martirio para redimir al mundo de sus pecados. Para ello el Greco lo vistió con los colores y vestimentas que fueron más usuales en el arte pictórico a la hora de representar al Redentor cuando el mismo se encontrase vestido.

Misiones Jesús de la Victoria

Si buscásemos características similares en el arte escultórico, pero deteniéndose más en el arte cofradiero, sería bastante poco probable encontrarnos a un Nazareno, más si es de vestir que se salga del color morado para su túnica y que además cargarse sobre su hombro con el tradicional manto judío, el mantolín en términos cofradieros, que suele ser más común en pasajes anteriores al prendimiento en el huerto de los olivos, así podemos ver a Jesús revestido con su mantolín en misterios como la Borriquita, la Sagrada Cena o la Oración en el Huerto. Supongo que la eliminación del mantolín tras la captura a Jesús se debe a lo tormentoso que tuvo que ser el procesamiento al Hijo de Dios, donde evidentemente ante tanto ajetreo y abuso no es para que fuese con el mantolín que posiblemente pudo quedarse en Getsemaní, incluso sus sandalias, de ahí, además de un recurso artístico de la divinidad extendidísimo, Jesús suela figurar en su Pasión, Muerte y Resurrección descalzo, al estar así en su agónica oración en el huerto de los olivos. El Nazareno del Greco además viste unos colores muy especiales, que como dije se alejan del morado penitencial de los nazarenos procesionales como color más predominante. El Cristo del Greco viste túnica roja – más común en los nazarenos y cristos de talla completa, hasta en sus vestiduras- y manto azul siguiendo el sistema unificado de colores de uso litúrgico que desarrolló el Papa Inocencio III (1198-1216), fundamentándose principalmente en el libro del “Cantar de los Cantares” perteneciente al Antiguo Testamento. De esta forma el azul del manto se manifiesta como idea de salvación y pureza , y el rojo de la túnica como claro signo de sacrificio y amor, vinculado  inseparablemente  a la condición sacerdotal y de Rey Mesiánico  que atesora Jesús por su linaje regio, al ser igualmente este color desde la antigüedad el que identifica a la realeza desde la época clásica, motivo por el cual los saldados  y verdugos lo revistieron con una clámide purpura en las burlas tras los azotes como “Rey de los judíos”, de aquí que el escarlata sea usado en la liturgia para significar el Domingo de Ramos.

Besamanos Jesús de la Victoria, 2009

Ciertamente como dije, en Andalucía es complicado encontrar una imagen pasionista de Jesús con la cruz a cuestas que se asemeje estéticamente al Nazareno del lienzo del Greco, pero seguramente en Sevilla, Ntro. Padre Jesús de la Victoria en cierto modo pudo estar influenciado en su hechura por los conceptos del cuadro del Greco. Con esta obra el umbreteño Antonio Illanes Rodríguez, creó uno de los pasajes más particulares en el mundo cofradiero, que curiosamente nadie ha copiado de la Semana Santa hispalense, lo que le da más valor a ser un pasaje iconográfico prácticamente exclusivo de Sevilla.

Su singularidad recae en que dos sayones cogen el sagrado madero para dárselo al condenado nazareno y se encuentran prácticamente alcanzando el hombro derecho de Jesús, hombro por cierto menos común donde se presentan los nazarenos cargando con la cruz – en el lienzo recae en el izquierdo-, aunque los hay, como el Abuelo de Jaén. Un sanedrita gobierna el momento ante la antena guardia de un soldado romano, un singular pasaje escenográfico, recogido en los textos evangélicos que ideara en un dibujo pintado en acuarela Fernando Aguilar para guiar en el encargo a Illanes. La imagen al ser de vestir, a la contra de las imágenes secundarias del conjunto se siguió vistiendo como algunos tratadistas clásicos de arte conformaron, frente a de lo que el espíritu cofradiero luego tradujo y que en cierto modo retrotrae a la famosa pintura del Greco, lo que hacía que la imagen, si la consideramos casi un Nazareno se alejase de los cánones establecidos. El Señor desde su bendición comenzó a vestirse con túnica roja y un manto azul, porque según los textos evangélicos, tras la condena en la Torre Antonia, a Jesús se le despojó de la clámide de las burlas y se le revistió nuevamente con sus vestiduras para subir al Gólgota con la cruz de su suplicio y de su redención, lo que podría incluso llegar a hacer entender que fuera con su manto, aunque obviamente en la realidad no llevase esos colores, eso como queda dicho es un recurso de marcación de la liturgia.

DSC_0736_mini

Su singularidad recae en que dos sayones cogen el sagrado madero para dárselo al condenado nazareno y se encuentran prácticamente alcanzando el hombro derecho de Jesús, hombro por cierto menos común donde se presentan los nazarenos cargando con la cruz – en el lienzo recae en el izquierdo-, aunque los hay, como el Abuelo de Jaén. Un sanedrita gobierna el momento ante la antena guardia de un soldado romano, un singular pasaje escenográfico, recogido en los textos evangélicos que ideara en un dibujo pintado en acuarela Fernando Aguilar para guiar en el encargo a Illanes. La imagen al ser de vestir, a la contra de las imágenes secundarias del conjunto se siguió vistiendo como algunos tratadistas clásicos de arte conformaron, frente a de lo que el espíritu cofradiero luego tradujo y que en cierto modo retrotrae a la famosa pintura del Greco, lo que hacía que la imagen, si la consideramos casi un Nazareno se alejase de los cánones establecidos. El Señor desde su bendición comenzó a vestirse con túnica roja y un manto azul, porque según los textos evangélicos, tras la condena en la Torre Antonia, a Jesús se le despojó de la clámide de las burlas y se le revistió nuevamente con sus vestiduras para subir al Gólgota con la cruz de su suplicio y de su redención, lo que podría incluso llegar a hacer entender que fuera con su manto, aunque obviamente en la realidad no llevase esos colores, eso como queda dicho es un recurso de marcación de la liturgia.

Hermandad de la Paz. Sevilla (1)

Además la mirada al cielo del Cristo de Illanes igualmente retrotrae a esa aura en que se sume el Cristo del Greco, donde Jesús aparece abstraído de todo, recurso muy conseguido de Illanes mas cuando el Señor se encuentra rodeado de personajes que juegan un papel teatral indispensablemente alrededor de la figura de Jesús de la Victoria. Sin duda fue un éxito del arte desarrollado por Illanes para conseguir escenificar magistralmente la advocación del Cristo en la escena escogida por la Hermandad de la Paz a lo que habría que añadir la cruz de sección plana como la que presenta el Cristo del lienzo, opción nada extendida en la Semana Santa sevillana, más afín a la tipología arbórea y que hoy en día solo ostenta la aun recientísima imagen del Nazareno de la Humildad del Cerro del Águila, y que si algún día se confirman los eternos rumores de su incorporación al cortejo procesional del Martes Santo, seguramente recuperaría esta vieja estampa perdida de la corporación hermana del Porvenir.

Porque al final parece que prevaleció los cánones cofradieros de la ciudad y la cruz se convirtió en arbórea y también se perdió el mantolín azul, aunque el Señor siguió vistiendo de rojo, incluso en su origen Illanes dotó a la imagen de corona de espinas –como la del Greco- que también se eliminó y que suele lucir comúnmente en cultos internos. Así lo conoció muchas generaciones de sevillanos cuando se “comía” las calles de Sevilla con su humilde túnica roja, hasta que en 2006, tras veintinueve años sin hacerlo, la priostía, en esa corriente “retro” que aun vivimos en la Semana Santa decidió recuperar la estampa fundacional vistiendo al Cristo como los pintores clásicos creyeron –y por decreto eclesial- que era lo más conveniente, como el Greco consideró que debía de vestir a Jesús en unas de sus inmortales obras, años después se siguió la tendencia pero mezclando túnica bordada, para en estos dos últimos años volver a salir sin mantolín, luciendo una nueva túnica bordada, como observan, los cánones cofradieros siempre imperan en el gusto capillita de la vieja Híspalis…

Cristo greco sevillano victoria paz

About De Nazaret a Sevilla (2133 Articles)

Redacción

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: