Últimas noticias

Lo que pudo ser Santa Marta

10805381_10204170414113068_254196478_n

 

JUAN PEDRO LENDÍNEZ. Este misterio que contemplan representa el Santo Entierro de Nuestro Señor y pertenece a la Semana Santa cántabra tras ser felizmente devuelto a la función para el que fue creado, el culto, tras la reorganización en 1997 de su hermandad, la del Santo Entierro del Señor y San Fernando Rey y rescatarlo de la hasta entonces única misión museística en el Museo Diocesano de Santillana del Mar. Esta obra salió de la gubia de un artista que se podría inscribir entre los imagineros o escultores comúnmente catalogados como “contemporáneos” en el siglo XX o más bien entre aquellos que no siguieron los modelos neobarrocos para la creación de imaginería religiosa, y por consiguiente también procesionista, como pudieron ser entre tantos ejemplos Mariano Benlliure, Juan de Ávalos, José Capuz, Coullaut-Valera, Juan Luis Vasallo, Jacinto Higueras o Enrique Pérez Comendador, el autor precisamente del conjunto escultórico del que voy a tratar y que tanto peso tuvo en la historia de la hermandad de Santa Marta y la hechura de su paso de misterio. El misterio santillano fue realizado entre 1948 y 1951 siendo policromado por Magdalena Leroux –la cual siempre utilizó de modelo para la realización de vírgenes-, esposa de este artista natural de Hervás (Cáceres) que vio la primera luz del mundo allá por 1900 aunque formado en Sevilla desde los seis años donde fue asimilando entre sus conceptos artísticos el estilo sevillano para adaptarlo a sus raíces castellanas. Una obra que realizó sin límite económico, para la cual viajó incluso hasta oriente para impregnarse sobre las costumbres palestinas para su realización empleando para ello panes de oro y madera suiza de más de cien años -dos mil panes de oro de Florencia, colas y bol de París, marfil y carey de Egipto-.

10799713_10204170413713058_106124000_n

Se serviría de los más variopintos personajes como fuente de inspiración para la ejecución de todas las imágenes destacando la de José de Arimatea en la que plasmó un autorretrato del mismo. Una obra de arte sin lugar a dudas digna de admiración o por lo menos eso comparten los eruditos en la materia pero ¿el sencillo devoto aceptaría esta corriente creativa tan alejada de los exitosos modelos clásicos a la hora de mirar hacia la imagen como un único instrumento de fe? ¿El cofrade sevillano hubiese aceptado estas nuevas formas acostumbrado a la herencia de los siglos con el arte de sus cofradías?

Estas circunstancias tuvieron que pesar en el seno de la junta de gobierno de la hermandad de Santa Marta cuando tuvo que disipar por aquellos tiempos quien realizaría su único paso de misterio donde se tenía que reflejar el Santo Entierro o traslado al sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo. En un principio la naciente corporación deliberó en rescatar del olvido de sus altares antiguas devociones de la ciudad como la Piedad (Sexta Angustia) de la iglesia de Santa Ana en Triana o el mismo conjunto iconográfico de la hoy hermandad de los Servitas, pero ambas no terminaban de encajar en la iconografía buscada por la hermandad de los hosteleros por la disposición de los cristos. De ahí que se buscara imágenes de nueva creación, pensando la hermandad en el trabajo de Sebastián Santos, que llegó a crear un boceto y en Pérez Comendador que con esta obra cántabra inspiraría a los dirigentes de entonces a que su misterio fuera de características similares al de Santillana. El boceto de Sebastián Santos se desecharía ante las grandes pretensiones económicas que demandaba el de Higuera de la Sierra aunque al cabo del tiempo realizaría la imagen de Santa Marta y sobre todo la de la bella Virgen de las Penas. En el caso de Pérez Comendador, tal como reconoció el por entonces censor de la hermandad, D. Antonio Vigil-Escalera, la obra aunque de gran mérito artístico, según los conceptos de su época, no hubiese encajado seguramente en la idiosincrasia sevillana más propensa a su escuela propia, y sobre todo la barroca, estilos ciertamente dispares al del contemporáneo Comendador.

10807108_10204170414793085_1398121670_n 10735636_10204170414193070_1585020524_n

 

Como todos habrán advertido, sería el sanroqueño Luis Ortega Bru el que realizara finalmente el conjunto escultórico, sin duda bebiendo del boceto de Santos Rojas y la creatividad de Pérez Comendador con su misterio para Santillana del Mar, donde ciertamente tampoco se refleja lo que exactamente pedía la hermandad establecida en San Andrés, el traslado al sepulcro, de un conjunto en movimiento mientras el cántabro parece que ya están depositando el cadáver del Hijo de Dios en el sepulcro de rico propiedad del sanedrita José de Arimatea, en este caso con el rostro del genial artista cacereño y de alma sevillana.

Caridad Santa Marta Carlos Iglesia

 

Ortega Bru nos regalaría el considerado por muchos, mejor misterio del siglo XX en Sevilla, un artista que aunque pueda sorprender a muchos también se encontraba influenciado por las corrientes artísticas contemporáneas que confluían sobremanera en Madrid, pero ciertamente el influjo barroquizante de sus trabajos para Sevilla y Andalucía haría que sus obras calasen en una Sevilla tan anclada aún en los modelos clásicos. Por ello su inmortal obra, bajo la que duerme el sueño de los justos en San Andrés tuvo que ser remodelada por el mismo imaginero, sustituyendo la primigenia dolorosa por una nueva que a la postre también seria sustituida por la actual imagen de Sebastian Santos Rojas, pasando la segunda talla a ocupar el papel de María Salomé en el conjunto fúnebre del Lunes Santo. Al final, tuvieron razón aquellos ideólogos fundacionales, aunque el resto de imágenes fueran perfectamente asimiladas, la gracia mariana de las Vírgenes de Sevilla no encontraba su reflejo en las dos dolorosas de Ortega Bru, “su arte no era para muñecas bonitas” llegó a decir, motivo que lo hirió profundamente, como otras tantas vicisitudes en su vida personal y por ende profesional, viendo como Sebastian Santos, el entonces imaginero más cotizado en la ciudad tenía que acometer una de sus exitosas dolorosas para completar lo más perfectamente posible el sueño que idearon los cofrades de Santa Marta para su impresionante paso de misterio, aquel que adelanta el histórico día de la muerte del Hijo de Dios al Lunes Santo, surcando las calles de Sevilla con la misma celeridad con que los santos varones lo tuvieron que trasladar al sepulcro… sirva esta historia como homenaje a los difuntos en este mes de noviembre que nos trae a la memoria el entierro de Cristo reflejado en los inigualables grafismos del Señor de Caridad de la hermandad de los Hosteleros de Sevilla.

Paso-Duque-2008

About De Nazaret a Sevilla (2102 Articles)

Redacción

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: