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Esos locos pupilos

Cabildo Toma de Horas | Foto: Cadena Ser

Parafraseando a Serrat “…creen que nos bastan sus cuentos para dormir…“. Comienza un nuevo curso. Estos alumnos que conforman las instituciones que marcan el rumbo de la sevilla cofradiera, vuelven a clase para intentar aprobar alguna asignatura, para seguir sacando matrícula de honor, intentar ser el pelota de la clase para acabar siendo elegido delegado de esta prole con una trayectoria más que dudosa o simplemente abandonar dejando más que en evidencia un fracaso que se veía venir desde que se repartió el libro de escolaridad.

Como en cualquier curso académico, nuestros queridos alumnos (no olvidemos que casi nadie estudia obligado), se enfrentarán a mantener los aprobados del año pasado, intentar superar (incluso copiando) las asignaturas que se les han quedado por el camino, a las pendientes que llevan arrastrando desde hace años o incluso, a algún examen sorpresa que a más de uno le puede hacer morder mucho capuchón de boli bic…, ya saben, los nervios.

El claustro de profesores, feroz y erudito por un lado y costumbrista por otro, espera ansioso la evaluación de estos pupilos para poder poner nota a cuantos desastres, experimentos fallidos, suspensos y demás atrocidades puedan cometerse durante el transcurso de los meses y sonreír con algún que otro acierto (aunque sobre esto están más temerosos a la par que incrédulos).

Los constantes, los que el pasado curso se esforzaron, estudiaron y se pusieron de acuerdo con sus grupos de trabajo. Los que arreglaron un Jueves Santo con matrícula de honor, los que exceptuando algún percance inesperado, salvaron un Domingo de Ramos esplendoroso con notable. Los que siguen usando la misma técnica de estudio, porque es la que les funciona, y nos regalan las últimas jornadas de nuestra Semana Santa con sobresaliente. APROBADO.

Los repetidores que suspenden una y otra vez. Los hay para todos los gustos. Desde el que hace chuletas para intentar salvar una carrera abocada al fracaso, el perezoso que no le gusta estudiar e incluso el que por más que se esfuerce, sigue dándose de bruces con la misma pared (ojo, que este último no escarmienta así lo dejemos sin papelón de adobo). La cada vez más circense Madrugá, el pasotismo exagerado ante unos horarios desmesurados de Martes y Miércoles (teniendo en cuenta que en 2.015 ha sido la primera vez en la historia que una hermandad de Martes entra en Campana un Miércoles), la inestable seguridad que nos va a costar un disgusto y que sólo veremos cuando pase de verdad. El juego del teléfono que esta clase de alumnos provoca con las filtraciones y chismorreos de patios de vecinos. Y como no…la absoluta falta de desacuerdo entre las tres instituciones principales y que a fin de cuentas son las que deben dar la cara, Ayuntamiento, Consejo y Diócesis. SUSPENSO.

Además, no se nos puede olvidar el típico alumno trabajador, conciliador y al que le gusta pasar desapercibido hasta que los compañeros lo eligen delegado de clase y se torna en la reencarnación de Gengis Khan, ejerciendo con tiranía y lo que es peor, dando poder a otros leones dormidos que ansían ser los guays. En muchos casos nos preguntamos después si fue una transformación a lo Jekyll y Hyde, o desde el principio era pura estrategia. Sustituyan al delegado de clase por una vara dorada y sigan imaginando el resto.

Y cómo olvidarnos de los experimentos que durante el curso no se transforman más que en letras y frases (algunas inconexas) que no salen del papel como el Proyecto Villasís, obra de Jesús Creagh y que sigue ahí cogiendo polvo en el cajón del olvido. O aquel fallido intento de permutar Montesión con la Exaltación, cierto que aquel año llovió, pero quedó en eso…en intento…y en fallido. Otro de los grandes tanteos que nuestros pupilos han ‘intentado’ llevar a cabo fue el Museo de la Semana Santa, ¿recuerdan?, ¿no?, pues háganse a la idea del por qué muchos de los cofrades ni siquiera han escuchado hablar de él.

También existen los trabajos en grupo, esos que son necesarios para subir nota y tener al profe contento, esos que si no apruebas…te dejan sin derecho a examen. Aquí también tenemos unos cuantos…, el más significativo a la vez que triste y frustraste, Santa Catalina. Los sí pero no del Consistorio, de la Junta y de la propia Diócesis. Hago pacto para gobernar pero me obligan a quitarte la subvención por lo que te quedas solucionar las obras del templo, ¡y se quedan tan anchos! ¿Sevilla merece este ultraje extremo sobre nuestro patrimonio?, ¿la ciudad merece la dejadez de muchos de los mandatarios de traje y corbata?. Pero los profesores, de vez en cuando necesitan una evaluación continua como esta vara de medir que según con quién se usa de una forma u otra, con el famoso decreto de la salidas extraordinarias, irrisorio, contradictorio y una mera manera de acotar la manga ancha que hemos tenido en tiempos pretéritos y que sirve de parche más que de solución.

O lo que es peor, el temido examen sorpresa, ese que nunca se espera, ese por el cual rezamos para que no ocurra. Pues bien, muestra de ello es el problema de Los Terceros. Rehabilitación urgente de un templo que no está en las mejores condiciones para albergar ni hermandades ni feligresía, ahí va esa pupilos, a ver cómo salís de esta. Como sea el retorno del asunto Santa Catalina, vamos apañaos.

¿Las notas?, en junio. Veremos si vienen alegrías o llantos.

Carlos Iglesia, Estrella Carreño, Alejandro García

De Nazaret A SevillaAutor: De Nazaret A Sevilla Redacción.
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