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La naturalidad desnaturalizada

Mis primeros recuerdos “con conocimiento de causa” de la Semana Santa se remontan a esos años en los que San Benito llegaba al centro atravesando un puente o cuando detrás del Cristo de la Salud de San Bernardo Arahal ponía sus sones. Una época en la que una marcha como “Y Tú, Estrella” supuso una auténtica revolución.

En esa Semana Santa que aún pervive en mi memoria todo era natural, las cosas eran sencillas, pero no simples, eran naturales. Las cofradías pasaban ante las miradas del público, todo el mundo veía, sentía y se iba a un bar o a buscar la siguiente.

De aquella época nadie recuerda marchas en tal o cual sitio, si el paso dio una chicotá más larga de la cuenta, los tipos de flores que había en un paso o el nombre del que tocaba el solo de una marcha.

Todo era sencillo, natural, comedido.

Hoy en día se mira pero no se ve, dejamos que pase por delante de nuestras narices o mejor dicho, nuestros smartphones, una semana por la que nos llevamos un año esperando y ¿para qué?. Para al final hablar de flores, de tocados, de vestimentas, de marchas, polémicas….Todos somos expertos en historia del arte, en teología, en música y hasta en técnicas de bordados, cuando quien más quien menos no ha visto una singer en su vida. ¿Y para qué usamos este ataque de erudición? Pues única y exclusivamente para criticar. Creemos saber de todo, y no sabemos de nada. Intentamos encorsetar bajo unos criterios inventados a base de llevar la contraria lo que no necesita más criterio que la naturalidad. Desnaturalizamos aquello que tanto amamos hasta convertirlo en algo que podemos incluso a llegar a odiar.

Y, ¿saben lo peor de todo?, que un alto porcentaje de esos autodenominados “rancios” guardianes de la ortodoxia no habían ni siquiera nacido cuando Curro se paseaba por la Cartuja y se mueven únicamente por la moda del “todo está mal” que aprenden en algunos medios en los que el amiguismo se lleva por bandera. Hablan de costumbres de ayer por la mañana como si de tradición centenaria se tratase, sin tan siquiera preocuparse en leer la historia de nuestras cofradías. Señores, os voy a dar una información que os va a cambiar la vida, la Semana Santa es más antigua que los palios de Juan Manuel, las tallas de Castillo Lastrucci o las entradas en Campana de tres marchas. Pero aparte de leer, os recomiendo sobre todo una cosa, despojaros de todos vuestros prejuicios impostados, coged una buena carga de humildad y escuchar. Escuchar en una barra de bar a aquellos que verdaderamente saben de esto y se os abrirá ante vosotros una Semana Santa completamente distinta de aquella que tan a ultranza defendéis desde la valentía que os confiere el anonimato y un teclado.

Las propias hermandades, con Juntas de Gobierno timoratas al frente, más preocupadas de lo que van a decir de ellas en medios, foros y redes, se han convertido en cómplices silenciosas, autosometiéndose a un miedo atroz a hacer algo distinto que se salga de unos cánones que vayan más allá del siglo XX.

Todos tenemos en mente palios que consideramos obras de arte y que hoy en día hubieran sido ciriticados hasta la saciedad, eso en el supuesto caso de que la Junta de Gobierno de turno se decidiese a estrenarlo, que esa es otra. “Nada fuera del estilo sevillano” es el mantra más repetido, pero aún sigo esperando que alguien sea capaz de explicarme qué es el estilo sevillano en algo tan rico y diverso como es nuestra Semana Santa. Y es que para mi, el verdadero estilo sevillano no es otro que el de dejar que las hermandades crezcan por si mismas, se equivoquen por si mismas, y sobre ese error, mejorar. Y no que intenten seguir las directrices de aquellos que nunca están conformes con nada. Cuando un árbol se tuerce, si sus raíces son firmes, él mismo retoma el camino correcto sin ayuda de nadie. Pero sobre todo, tiempo, queremos resultados inmediatos en algo que lleva siglos de perfeccionamiento.

Desconozco si ya será tarde, si el miedo a innovar se ha apoderado de nuestras Hermandades. Pero recapacitemos, y no convirtamos a la Semana Santa en lo que nunca fue durante los últimos siglos. Algo sin alma, sin esencia, repetitivo, en un mero parque temático de pasos, música y nazarenos.

Malco.

De Nazaret A SevillaAutor: De Nazaret A Sevilla. La Sacristía.
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