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Una chicotá de cuarenta días

Editorial

Llega la hora de desempolvar la ciudad, de sacarla del letargo del frío invierno. Aún guardamos los recuerdos de unas puertas ojivales cerrándose en Santa Marina y ya casi rozamos con las manos el volver a abrirlas en el Porvenir.

Pero antes hay que recuperar la actividad. Es el momento de despertar, de dejar que la luz vaya ganándole terreno a la oscuridad y que Sevilla se reencuentre con la espera, porque cuarenta días no son nada si se cuentan hacia atrás.

¿Lo notas? ¿Ves cómo se acerca?

Es el tiempo de las señales, de intuir lo que está por venir. Pronto las casas se llenarán de túnicas recién planchadas, los escaparates de las confiterías de torrijas, las casas de hermandad de repartos de papeletas de sitio, de reencuentros de hermanos, de abrazos sinceros pese a estar un año sin verse.

Sevilla, como si de un gran paso de palio se tratase, comenzará su propio y particular montaje. Los priostes empezarán por los palcos de la plaza Nueva y la ‘rampla’ en el Salvador y acabarán por sacar del olvido calles que parecen existir únicamente en la semana de los sueños. El florista llenará de azahar los naranjos de nuestras calles y el cerero pondrá la luz en ese palio celeste que nos cubre.

Y todo para acoger la mayor expresión de fe y devoción que podemos conocer.

En poco más de un mes miles de nazarenos acompañarán a sus titulares, desde ese cristo que cada año entra en Sevilla a lomos de una borriquita precedido de una legión de niños y escoltado por un imperio de plumas blancas hasta la Virgen del “hasta el año que viene”, la que desde San Lorenzo pone el epílogo doloroso que antecede a la explosión de alegría que la resurrección de cristo significa para los cristianos.

No dejemos pasar los días sin más, exprimamos hasta la última gota este tiempo de conversión que llamamos Cuaresma. Preparemos nuestras almas para acompañar el dolor de una madre que llora desconsolada en un valle de lágrimas, tomar nuestra cruz y seguir a Cristo.

Despertemos de esta anestesia a la que nos ata el destino para sumergirnos en la espera más dulce. Estemos preparados para esta chicotá de 40 días.

¿Estáis puestos? ¡A esta es!

Estrella Carreño, Alejandro García y Carlos Iglesia

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