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La tarea callada de lo que siempre resplandece (II)

Reportaje

Hermandad de la Exaltación preparada para realizar su estación de penitencia en 1933

Continuamos el reportaje de la semana pasada sobre la priostía de la Hermandad de la Exaltación indagando en la tarea que desempeña el numeroso grupo de personas que forman esta cuadrilla de la corporación del Jueves Santo.

En la primera entrega conocimos a Manuel Martínez, prioste primero de esta hermadad, a Raúl López, el segundo de ellos, y a José Carlos Borrego, uno de los auxiliares de este equipo de trabajo. Vimos una breve presentación de sus labores, nos adentramos en el proceso que seguían a la hora de montar un culto y, averiguamos todas las novedades que han llevado a cabo desde, que hace tres años, iniciaron su andadura en el cargo.

Un antes y un después en la priostía

Hace más de una década que Raúl forma parte de la priostía de la entidad del Jueves Santo, y piensa que son muchos los cambios que ha sufrido este campo a lo largo de la historia. En su anterior etapa como prioste, cosa que hizo nada más dejar de presidir el grupo joven de la Exaltación, “la priostía la conformaba gente mayor que te mandaba a trabajar pero siempre sobre la idea que previamente habían decidido poner en práctica”. De hecho, este es uno de los motivos por el que prefiere el ambiente del que se rodea ahora, no solo por el grupo en sí sino por las ganas e ilusión con las que se obra, sabiendo que si alguien quiere aportar algo, solo basta con decirlo para debatirlo entre todos. “Somos una piña, esa es la clave”, afirma.

“Los priostes y las personas que se dedican a montar altares deben conocer otras cosas”, dice Raúl, “porque creo que hay algunos de muchísima calidad en otras provincias cercanas a nuestra ciudad, con los que te llevas sorpresas debido al gusto y exquisitez con el que trabajan”. Asimismo, menciona internet como buena herramienta para poder observar todo sin la excusa de tener que desplazarse, como pasaba antiguamente si querían comparar los resultados.

Los montajes no son tarea fácil para Manuel, quien asegura que hoy en día tienen que estar muy pendientes a cada detalle, “si es litúrgico, si no atenta contra las reglas, y muchas cosas hemos de saber, y más ahora con las redes sociales que una crítica puede llegar a todos lados”. Y precisamente son estas aplicaciones las que nombra Raúl ante la pregunta de a quién teme cuando sale a la luz un trabajo de su priostía. “A mi junta no puedo temerle ya que antes de hacer algo, siempre contamos con su beneplácito y nos apoyan al cien por cien, aunque sí que es verdad que me preocupa que puedan castigarnos demasiado a veces por redes sociales”. Junto a ellas, también destaca José Carlos la opinión de los hermanos, quienes son los devotos y principales benefactores de la hermandad. Recuerda que algunos de ellos ni sabían que contaban con una talla de María Magdalena hasta que no apareció en uno de sus últimos altares, “y otros siguen preguntando si es nuestra o nos la prestó otra hermandad”.

Escrito se encuentra en los anales históricos de la Hermandad de la Exaltación, que la ubicación de los priostes en la cofradía quedaba sujeta a un cabildo, datado de 1796, en el que se afirmaba que irían tras el paso de “nuestra Madre Dolorosa con túnicas y velas por estrenar, (…) para que den pronta providencia en las maniobras que se ofrezcan en los pasos”. En la actualidad, Manuel se ubica delante del palio y José Carlos ocupa el puesto de Raúl en el misterio, pues el prioste segundo va de costalero bajo el cristo de la Exaltación, ambos portando palermos y no con cirios como antaño ocurría. “Vamos atentos a que no haya ningún desperfecto durante el tiempo que estamos en la calle”, adjunta el joven auxiliar. A esto añade Raúl que “es fundamental nuestro contacto aunque yo vaya de costalero, porque el año pasado ninguno de mis compañeros con las túnicas de nazareno estaban en condiciones de subirse al misterio, y fui yo quien le coloqué al señor la potencia que se le cayó a mitad de la calle Gerona”.

Momentos que saben a gloria

Son cuantiosas las anécdotas que guardan en la memoria los que le han puesto voz al grupo que compone la priostía de esta corporación, gracias al hecho de trabajar tanto tiempo cerca de sus titulares. Todo ello es muy gratificante pero complicado a su vez, porque las épocas de montaje suponen sacrificar la vida personal de cada uno, “ya que tienes que pasar aquí horas y más horas” comenta José Carlos.

Virgen de Lágrimas en el besapiés de 2017 | José Carlos B. Casquet

Si tiene que quedarse con algo de todo lo que obra en su hermandad, es con la sensación que le produce el instante en el que acaba de montar un altar, se retira y lo observa en su totalidad. Manuel destaca la compenetración que tiene con su segundo prioste, además del ambiente que hay dentro del grupo, aspectos sin los cuales no estarían recibiendo tanto calor y apoyo las labores que desempeñan. Raúl, en cambio, resalta una situación concreta que sigue narrando a día de hoy con mucha emoción. Su hijo, nacido hace escasos meses (su mujer es una de las camareras de la virgen de las Lágrimas), vino al mundo tres minutos antes que comenzase triduo a la dolorosa el pasado octubre, y ya es uno de los más pequeños hermanos que contempla la entidad.

A día de hoy, son muchos los enseres que han trasladado a la iglesia de Los Terceros, media priostía sigue en su casa hermandad limpiando plata mientras que la otra parte prepara la fundición de candelería, y el tiempo ha empezado a correr buscando una nueva primavera. Se vuelve a repetir la historia de todos los años en la Exaltación, que tiene a una priostía impaciente porque llegue ese momento pasado el mediodía el próximo Jueves Santo en el corazón de la calle Sol.

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