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¿Conocemos realmente lo que celebramos? (I)

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Buena Muerte de Los Estudiantes. Besapiés 2016. Tomás Quifes (3)

Llegó la Cuaresma, fecha que a todos nos activa, listos para la semana grande de la ciudad de Sevilla. Desde esta web nos hemos planteado si el sevillano conoce a ciencia cierta los conceptos que envuelven estos días, como es el caso de la Cuaresma. ¿Cuándo empieza y cuándo acaba? ¿Para qué nos prepara? Igualmente, existen otros términos que pueden llevar a respuestas inexactas y que confundan al cofrade como es la <<penitencia>>, el <<Triduo Pascual>> o la propia <<Pascua>>.

Para intentar responder a todas estas cuestiones hemos realizado una revisión por una amplia bibliografía partiendo del último concilio ecuménico (Vaticano II), convocado por el propio papa Juan XXIII (1962-1965), aunque las últimas tres sesiones las presidió su sucesor, Pablo VI. También contamos con referencias de los últimos papas y arzobispos, incluido el cardenal Amigo Vallejo, con los que ha contado Sevilla.

concilios

Juan XXIII y Pablo VI, papas del Concilio Vaticano II.

El primer concepto que muchos confundimos es el principal, ¿qué significa la Cuaresma? Muchos dirían rápidamente “los 40 días que transcurren del Miércoles de Ceniza al Domingo de Ramos” y concurrirían en un error. La Cuaresma son los 46 días desde el Miércoles de Ceniza hasta el Sábado Santo, víspera del Domingo de Resurrección. Y así queda claro en diversas citas que hemos extraído del Concilio Vaticano II:

“el tiempo cuaresmal prepara a los fieles (…) para que celebren el misterio pascual (…) mediante la penitencia (…). Úsense con mayor abundancia (…) los elementos penitenciales”.

“La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. (…) ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aun extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo del Domingo de Resurrección”.

Es más, nos impulsan a practicar la penitencia para estar preparados para la gloria de la Pascua de Resurrección:

“Es de desear que la liturgia cuaresmal y pascual se restaure de forma que prepare a las almas de los catecúmenos para la celebración del misterio pascual”.

“imitando a Cristo humilde, no ambicionan la gloria vana (Gál, 5, 26) (…). “Si, alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt, 16, 24)”.

“con el culto público y la oración, con la penitencia y con la libre aceptación de los trabajos y calamidades de la vida, por la que se asemejan a Cristo paciente (2. Cor, 4, 10; Col., 1, 24), pueden llegar a todos los hombres y ayudar a la salvación de todo el mundo”.

Cena, ÁlvaroAguilar (7)

Humildad y Paciencia. Álvaro Aguilar.

Incluso nos especifican que el ejemplo que hay que seguir en la penitencia es la de Cristo paciente, es decir, Jesús durante la Pasión, y la de Cristo muerto por nuestros pecados:

“Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones. (…) e incluso les exhorta a que, asociándose voluntariamente a la pasión y muerte de Cristo (Rm 8, 17; Col 1, 24; 2 Tm 2, 11-12; 1 P 4, 13) contribuyan así al bien del Pueblo de Dios”.

“El martirio, en el que el discípulo se asemeja al Maestro que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo (…) seguirle, por el camino de la cruz”.

Y esto es así porque todo el mensaje de salvación parte de la muerte del Mesías, diferenciando lo que es un momento penitencial como es la muerte de un momento glorioso como es el gozo de la resurrección.

“Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre”. Se reitera en varias ocasiones en los documentos del Concilio Vaticano II.

“Están simbolizados en la sangre y en el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado (Jn 19, 34) (…) muerte en la cruz (…) sacrificio de la cruz (…) ha sido inmolado”.

“vino a servir y a dar su vida para la redención de muchos” (Mc 10, 45).

“prefirió llamarse Hijo del Hombre, “que ha venido a servir y dar su vida para redención de muchos” (Mc, 10, 45) (…) al consumar en la cruz la obra de la redención, para adquirir la salvación y la verdadera libertad de los hombres, completó su revelación (…) levantado en la cruz atrae a los hombres a Sí mismo”.

“Cristo (…) por su pasión, entró en su gloria” (Lc 24, 26).

Dejando claro que el ejemplo a seguir es el de Cristo que sufre por nosotros y debemos identificarnos durante penitencia:

“El, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia”.

“Cristo (…) abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación. (…) Es, pues, deber de la Iglesia en su predicación el anunciar la cruz de Cristo como signo del amor universal de Dios y como fuente de toda gracia”.

Desamparo y Abandono del Cerro. Martes Santo 2016. José Carlos B. Casquet (1)

Longinos ante Cristo muerto. Hermandad del Cerro.

Un concepto que no gusta tratar en la Sevilla de hoy es el de diferenciar entre un acto penitencial y un acto glorioso. Ese temor por considerar que uno fuera inferior al otro, simplemente hay diferencias. Se señala continuamente el hecho de padecer sufrimiento (penitencia) para llegar a la gloria de la Resurrección. Queda de manifiesto en este Concilio como en otros documentos que hemos estudiado y que citamos a continuación:

“Con su muerte y su resurrección gloriosa”.

“nos asociamos a sus dolores como el cuerpo a la cabeza, padeciendo con Él a fin de ser glorificados con Él”.

“Se manifiestan como hijos de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente (Ef 5. 16; Col 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura” (de la Resurrección) (Rm 8, 25).

“Una misma es la santidad que cultivan (…) todos los que (…) siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria”.

“los padecimientos de esta vida son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros” (Rm 8, 18; 2 Tm 2, 11-12) (…) “que transfigurarán nuestro abyecto cuerpo en cuerpo glorioso semejante al suyo” (Flp 3, 12).

Hay citas que nos pueden recordar a escenas de nuestra Semana Santa como el misterio del Cerro, cuando Longinos, que veía el cuerpo del Hombre, entendió que realmente estaba ante Dios, una vez Cristo había muerto por nuestro pecados.

            “Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como a Dios”

Bibliografía en la segunda parte del artículo.

About Álvaro Iglesias (140 Articles)
Subdirector y dirección de redacción en De Nazaret a Sevilla. Historiador del Arte por la Universidad de Sevilla. Hermano del Amor y del Cristo de Burgos. Twitter: @Alvaro_bet

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