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Carla Elena: “En muchas ocasiones las hermandades pecan de querer tener excesiva originalidad”

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Fran Delgado | Entrevista a Carla Elena, gerente del taller de bordados de Sucesores de Elena Caro

En la imagen, Carla Elena a la derecha de la túnica bordada del señor de la Salud de los Gitanos durante la presentación de la misma, obra del taller de Sucesores de Elena Caro.

Cien años, un siglo de vida engrandeciendo, enriqueciendo la Semana Santa de Sevilla y la fiesta sacra en toda Andalucía. El taller de Sucesores de Elena Caro, toda una referencia del bordado religioso, celebra durante este 2017 su centenario. Una saga familiar que regaló a la capital a una de las grandes artistas de la Semana Santa hispalense, Esperanza Elena Caro, bordadora encargada de ejecutar obras de enorme calado en la ciudad, como el palio de la Macarena, el de la virgen de las Aguas del Museo, el de los Estudiantes o el personalísimo joyero de la dolorosa de la Palma, titular del Buen Fin. Actualmente, Carla Elena, gerente del taller y sobrina-nieta de Esperanza, protagoniza la cuarta generación familiar: “Somos conscientes de que el taller es un referente en el bordado religioso en España y creo que no existe ninguno que tenga la antigüedad del nuestro”.

2017, como no podía ser de otra forma, está siendo un año especial para el taller de Sucesores de Elena Caro. Durante la Cuaresma completó la restauración, entre otras piezas, del palio de la Macarena y reprodujo la túnica bordada que luciera hasta 1936 el señor de la Salud de los Gitanos, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Además, como culmen a tan fastuoso año, el taller prepara junto con el Ayuntamiento una exposición para el mes de octubre que contaría con las piezas más emblemáticas del taller en sus años de vida, entre ellas varias obras de otros puntos de Andalucía. “Hay que concretar qué es lo que se puede hacer, hasta donde podemos llegar, que la exposición que se haga sea interesante. Son cien años de obras, miles de piezas repartidas por toda Andalucía, podríamos traer bastantes cosas”, explica Carla Elena.

 La entrevista al completo, a continuación.

Nos encontramos en el año del centenario del taller, ¿cuál es el secreto, si es que lo hay, para una permanencia tan prolongada en el tiempo?

No lo sé. No diría secreto, diría, quizá, casualidad. Ha surgido así. Antiguamente no era tan difícil porque las mujeres no estudiaban y, por lo tanto, se buscaban un trabajo. Bordar era un oficio interesante y bonito. Así se empezó. Mi tía, Esperanza Elena Caro, tampoco quería estudiar y, posteriormente, fue un poco casualidad. Mi padre, José Manuel Elena, cuando entró en el taller lo hizo porque su progenitor murió de repente. No tuvo más remedio que replantearse su futuro. Estaba estudiando una carrera, química, que no tenía nada que ver con el taller. Él, a priori, no se iba a quedar. Quizá, si mi abuelo hubiese fallecido más tarde, mi padre hubiese estado trabajando en otro oficio. A mí me ocurrió algo similar, me planteé seguir con el taller cuando mi padre se jubiló, pensé que era una pena cerrarlo. Me decidí y aquí estamos.

Imagino que debe ser fundamental saber adaptarse a los tiempos, a la evolución del bordado.

Depende del aspecto. El bordado es un trabajo en el que tampoco se puede innovar demasiado en cuanto a las técnicas, a la forma de hacerlo. Otra cuestión es el diseño; hay bordadores que hacen cosas muy novedosas que antes no se aplicaban, y al contrario. Todo va cambiando un poco. Nosotros intentamos mantener un estilo propio, que es el mismo de siempre. Innovamos en otros aspectos, como en las nuevas tecnologías -los dibujos de los diseños se hacen a ordenador-, el marketing o la publicidad. En lo que es el bordado en sí no se puede innovar.

En la imagen, el palio de la Virgen de los Dolores de la hermandad de las Penas, obra recién restaurada por el taller de Sucesores de Elena Caro. / Baltasar Núñez.

La competencia ha crecido mucho en los últimos años.

El problema radica en que no hay un criterio exacto que explique qué es un bordador. No existe ni siquiera una escuela del bordado. Hace muchos años a mi padre le ofrecieron la posibilidad de abrir una línea de bordados en la escuela de arte; preparó la documentación, la metodología, las clases teóricas, etc. Pero, no sé por qué, al final no se concretó. Hay una disparidad de criterios enorme, cada uno aprende cómo puede, donde puede y con quien puede. Además, hay gente que se cree que a bordar se aprende rápidamente. Ni mucho menos, para hacerlo bien tienes que llevarte años. Antiguamente, en la Edad Media, había un gremio de bordadores que determinaba mediante un examen quién podía ser maestro bordador y abrir un taller; es decir, tenías que demostrar que sabías lo que hacías. Actualmente no existe eso, cualquiera puede decidir cuándo montar un taller. Es lo que denunciamos la gente que llevamos mucho tiempo, tenemos un prestigio y una cierta formación.

“Actualmente el problema radica en que no hay un criterio exacto que explique qué es un bordador; cualquiera puede decidir cuándo montar un taller”

Grandes artistas han trabajado por la Semana Santa de Sevilla a lo largo del tiempo y le han otorgado el sello que tiene hoy, entre ellas se encuentra Esperanza Elena Caro.

Siempre lo digo cuando me preguntan por el mejor bordador. Fue ella, Esperanza Elena Caro, una persona muy perfeccionista a la que le gustaba mucho estudiar el bordado, las técnicas antiguas que se habían perdido. Así surgieron obras como el palio de la virgen de los Estudiantes, que es un compendio de todas las técnicas del bordado que existían en ese momento. Sin duda, es la bordadora más importante de nuestra saga y entre las  más destacadas de la historia.

¿Se le reconoce así en Sevilla?

Exceptuando la figura de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, quizá, por ser tan macareno y tan influyente en el estilo de esa hermandad, y no solo en el bordado, sino en la estética de las túnicas de nazarenos o en los armaos, no hay un gran reconocimiento en cuanto a los bordadores. Hay muchos que merecen un reconocimiento mayor del que tienen realmente. Exceptuando Rodríguez Ojeda, ¿qué reconocimiento tienen los demás bordadores? Ninguno, y sin embargo hay algunos que, incluso, son mejores que él. Como por ejemplo Olmo, quizá si él hubiese trabajado para la Macarena sería actualmente el referente. Lo que no está reconocido es el bordado en general, no ya una figura.

Quizá, la obra más destacada del taller es el manto de la coronación de la Macarena.

Quizá, es la obra más importante en general por todo: por la repercusión que tuvo en su momento y por la calidad en cuanto a técnicas de la pieza. Mi tía -Esperanza Elena Caro- era muy macarena, entonces en los trabajos para la hermandad se volcaba, ponía todo su esfuerzo en que le salieran piezas espectaculares, como el manto de la coronación. Pero también se han hecho en este taller muchas otra obras muy importantes, como el palio de Los Estudiantes.

La Macarena tiene un vínculo muy especial con el taller.

Sí. Nuestras familias, tanto los Elena como los Caro, son macarenos; de hecho, ellos vivieron durante su infancia en la plaza de San Gil. Mi tía se llama Esperanza por la virgen. Además, en su momento, cuando empezaron a trabajar con la hermandad, supieron coger ese barco, justo cuando murió Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que dejó un hueco para llenar. Se puede decir que le ganamos el terreno al taller de Carrasquilla, que fue el heredero natural de Rodríguez Ojeda. Cuando la Macarena procesiona con el manto de coronación y alguna de las sayas que tiene nuestra, el paso completo en cuanto a bordado es nuestro. Eso es importantísimo.

En la imagen, bambalina delantera del palio de la Macarena, obra que ha lucido restaurada por el taller de Sucesores de Elena Caro esta Semana Santa. / Francisco Narbona.

¿Hasta qué punto pesa el nombre de su tía, Esperanza Elena Caro?

Pesar, pesa. Somos conscientes de que el taller es un referente en el bordado religioso en España y creo que no existe ninguno que tenga la antigüedad del nuestro. Siempre intentamos que salga todo lo mejor posible manteniendo nuestro propia técnica y sello; seguir siendo el referente del bordado, la calidad de las obras que salen del taller.

“Siempre lo digo cuando me preguntan por el mejor bordador. Fue ella, Esperanza Elena Caro, una persona muy perfeccionista a la que le gustaba mucho estudiar el bordado, las técnicas antiguas que se habían perdido”

¿Cómo considera el momento actual del bordado religioso?

Actualmente está complicado con respecto a la competencia y la calidad del bordado. Por suerte, la crisis económica está pasando y las hermandades están dispuestas a engrandecer su patrimonio. Es de agradecer porque de este tipo de oficios vivimos mucha gente. Hemos pasado años muy malos. Ahora lo más difícil es que tú ofrezcas un trabajo por un precio y otro lo haga por casi la mitad, es el problema más grave.

Durante los últimos años han proliferado las restauraciones, ¿es el principal sustento económico de un taller?

Las restauraciones han aumentado en los últimos años. Es lo que más se hace pero por razones lógicas; en Sevilla casi todas las hermandades tienen su patrimonio hecho y asentado. Me parece perfecto, en primer lugar, que lo quieran restaurar y, segundo, que para qué vas a hacer algo nuevo cuando ya posees una pieza de calidad, un estilo propio y definido. Actualmente los trabajos que más llegan son de restauración.

Además, las hermandades se han concienciado de lo importante que es mantener el patrimonio. 

Sí, pero volvemos a lo mismo que en una pregunta anterior. No todo el mundo tiene la formación necesaria para saber restaurar; hay que unir lo económico con la calidad del trabajo. Si en la hermandad va a primar que la restauración sea barata, probablemente quien te arregle la obra no sepa hacerlo; << va a ser peor el remedio que la enfermedad>>. Mucha gente vende humo y no tienen ni idea. Otra cosa es que las hermandades vayan a lo seguro, a talleres con reconocido prestigio, con una dilatada trayectoria. Hay que concienciarse que, no solo hay que restaurar, sino que lo debe hacer alguien profesional.

¿Conllevar mayor responsabilidad ejecutar una restauración que una nueva obra?

Para mí, ejecutar una restauración, sobre todo cuando se trata de obras muy importantes, es una enorme responsabilidad. Tienes en tus manos un patrimonio de la ciudad, no solo de la hermandad. Por ejemplo, el palio de la Macarena. Aparte, si se trata de una pieza de otro autor, intentas honrar a esa persona. Aprendemos muchísimo con las restauraciones. Cuando llegan obras que se han bordado en el taller me gusta hacer fotos y obtener ideas para ponerlas en práctica si hacemos algo nuevo.

Ha llamado la atención el color que ha recobrado el palio de la Macarena tras su restauración.

Estamos satisfechos. Es cierto que el cambio se ha notado muchísimo. El bordado en sí no se encontraba en muy buenas condiciones, no se ha limpiado todo lo bien que debería porque el oro es el metal y, hay veces, que cuando se le ha tocado en alguna restauración anterior con algún producto químico o le haya afectado la humedad siempre varía o para bien o para mal. Todo ello le ha afectado un poco a la visión general, se ha pasado de demasiado negro a lo que hemos puesto, que ha sido bastante brillante. En general, se ha notado para bien la restauración; la malla nueva que hemos puesto -la anterior estaba rota por muchos sitios-; todos los perfiles nuevos, pues hemos descubierto colores que apenas se notaban.

Encargados de reproducir una joya que se perdió en 1936, la túnica bordada del señor de los Gitanos, ¿qué destacaría de ella?

La obra es una maravilla, lo destacaría todo. Hemos tenido la oportunidad de hacer un trabajo especialmente bonito. Tenemos que quitarnos de la cabeza que obligatoriamente un nazareno tenga que procesionar con la túnica lisa porque las imágenes originariamente no estaban pensadas para eso. Antiguamente todas las hermandades tenían túnicas bordadas; de hecho, el cristo de los Gitanos salía siempre con su obra bordada. Satisfechos por el trabajo, al señor le queda estupendamente, ahora a ver si un año se la vemos sobre el paso. Parece más complicado, pero confío en que la hermandad se decida a ponérsela. La gente creía que le iba a quedar peor y ha sorprendido gratamente.

Túnica del señor de la Salud de los Gitanos, reproducción de la original de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, obra del taller de Sucesores de Elena Caro. / José Carlos Casquet.

En Sevilla está casi todo hecho, ¿se puede innovar en nuevas obras?

Innovar se puede innovar hasta el infinito, pero después hay que ver si el resultado casa con la Semana Santa de Sevilla o con la hermandad en concreto. En muchas ocasiones las corporaciones pecan de querer tener excesiva originalidad, por fuerza todas las hermandades tiene que poseer su propio sello. En las nuevas veo como una obligatoriedad por intentar ser original que no entiendo; hay muchas palios que son parecidos los unos a otros, por ejemplo, la Macarena sentó catedra y hay muchos palios similares a él. Pero cada uno se distingue. No se tienen porqué hacer unas cosas súper modernas o raras para pretender ser original. Evidentemente, las hermandades son las que mandan y cada una tiene su gusto particular.

“No todo el mundo tiene la formación necesaria para saber restaurar; hay que unir lo económico con la calidad del trabajo. Si en la hermandad va a primar que la restauración sea barata, probablemente quien te arregle la obra no sepa hacerlo”

Para conmemorar el centenario del taller se está preparando una exposición en el Ayuntamiento, ¿no es así?

Sí, estamos en ello, en contacto con el Ayuntamiento, el cual está bastante interesado. Pero hay que concretar qué es lo que se puede hacer, hasta donde podemos llegar, que la exposición que se haga sea interesante. Son cien años de obras, miles de piezas repartidas por toda Andalucía, podríamos traer bastantes cosas, pero hay limitaciones de espacio y de presupuesto. La idea es que se expongan obras de toda la geografía andaluza. Tenga en cuenta que los sevillanos pegamos, en muchas ocasiones, de ombliguismo; nos creemos que tenemos lo mejor, cuando en el resto de Andalucía hay muchas obras de enorme calidad que aquí no se conocen.

¿En qué trabaja el taller en estos momentos?

Tenemos varios proyectos. Estamos restaurando una saya, obra de las Martín-Cruz, de la Macarena; vamos a hacer una saya para la Esperanza de Triana; también un manto de camarín para la dolorosa del Buen Fin de la Lanzada, que, según desea la hermandad, además sería de salida para la Virgen de Guía; un manto para la corporación de la Amargura de Jerez. El trabajo, parece, que no falta, la época mala pasó. Por suerte, no nos podemos quejar, nos adaptamos como podemos.

Antes de terminar, ¿le gustaría trabajar para alguna hermandad, sobre alguna obra en particular?

Soy restauradora y me gusta mucho la restauración de piezas, sobre todo, cuando son obras nuestras, del taller. Además, me preocupo por las piezas y me molesta que las hermandades no tengan en cuenta al taller. Ya que estamos aquí, ¿qué mejor que pedirnos opinión, que consultarnos? Últimamente se están dando algunos casos de hermandades que se están llevando obras nuestras a otros talleres. Me gustaría hacer cualquier restauración, por ejemplo, el manto de coronación de la Macarena; me gustaría que la hermandad siguiera contando con nosotros para otras muchas piezas que poseen del taller.

Acerca de Fran Delgado (129 Artículos)
Entrevistas en De Nazaret a Sevilla. Periodista. Hermano de la Esperanza de Triana y el Gran Poder. Twitter: @unfrandelgado.

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