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Martínez Montañés, ‘el Dios de la madera’

Martínez Montañés

Las manos. Las tallas. La gubia. El realismo. Un antes y un después. Juan Martínez Montañés, alcalaíno de nacimiento, se convierte en una pieza determinante de la escultura barroca en madera policromada fundando además, la escuela sevillana de este tipo de arte.

Lápida Montañés Magdalena

Lápida de Montañés en la Parroquia de la Magdalena

Montañés nace en 1569 en Alcalá la Real donde pasa su niñez junto a su familia y su padre, bordador de oficio conocido como ‘El Montañés’. Su formación comienza en Granada bajo la tutela principal de Pablo de Rojas con quien comparte taller y adquiere la serenidad y el equilibrio que poco después comenzará a aflorar en sus obras, desarrollando su primera etapa conocida como la de formación de la que no se conservan obras.

Santo Domingo Penitente

Santo Domingo Penitente (1605). Torso desnudo, hábito formando pliegues, en actitud penitente. Con la mirada al crucifijo de su mano izquierda.

Hacia 1582 decide trasladarse a Sevilla donde se forma bajo las influencias de Jerónimo Hernández, de Gapar Núñez Delgado, de Andrés de Ocampo y de Juan B. Vázquez, ‘el Mozo’, convirtiéndose en 1588 en maestro escultor y maestro ensamblador (arquitecto de retablos), estableciendo su taller en la actual parroquia de la Magdalena de Sevilla y poniendo en marcha la escuela andaluza de escultura barroca, ideando un arte al servicio de la religión, retomando de esta forma el fin didáctico que debía tener el oficio y los artistas. Protagonista frecuentemente de tertulias culturales que se celebraban en la Casa de Pilatos o en la academia del pintor Francisco Pacheco, establece una estrecha amistad con Velázquez y Alonso Cano, en la que es considerada la etapa magistral de Montañés, obras de esta época son san Cristóbal con el niño Jesús y santo Domingo Penitente entre otras.

El escultor pasa unos años difíciles, denominados el Decenio Crítico, al perder a sus discípulos Juan de Oviedo y Juan de Mesa y verse envuelto en diversos pleitos.

Tras ésta, llegaría la etapa de la plenitud barroca, apoteosis final de Montañés donde no abandona las composiciones equilibradas ni la serenidad, creando estereotipos barrocos como la Inmaculada Concepción de la catedral de Sevilla.

Un estilo para una escuela

Martínez Montañés define un estilo que dota de una esencia serena a la par que una elegante nobleza para lograr expresar sentimientos de intensa religiosidad que imperaban en el arte español de la época, no olvida los ideales trentinos pero sí utiliza un lenguaje realista que sustituye el dramatismo y apasionamiento de Castilla por la mesura y el equilibrio más clásico.

Felipe IV

Monumento ecuestre en la Plaza de Oriente de Madrid de Felipe IV

Ofrece una producción en su totalidad de temática religiosa, exceptuando el Busto de Felipe IV para la estatua del mismo monarca a caballo de Pietro Tacca. Además, en su inmensa mayoría, las obras que realiza son imágenes devocionales y retablos para decorar las iglesias, trabajando la madera policromada en casi todo su trabajo aunque llegó a usar en algunas ocasiones el marfil y el barro. Las imágenes del alcalaíno gozan de una exquisita realidad y serenidad, cómo hemos explicado anteriormente, ajustándose a los principios impuestos por el Concilio de Trento y la Contrarreforma con el objetivo de despertar en el espectador los sentimientos religiosos.

Los retablos, sello de identidad del escultor

Al titularse como maestro ensamblador, Montañés traza y realiza muchos retablos como decoración de iglesias.

san isidoro del campo

Retablo del Monasterio de San Isidoro del Campo

El primero de su obra fue el de El Pedroso (1606), aunque los que más sobresalen son el del monasterio de San Jerónimo de Santiponce, por su envergadura, monumentalidad y la extraordinaria calidad escultórica, la cual se aparta de un modelo compartimentado habitual y comienza a construir espacios unitarios; el del convento de Santa Clara en Sevilla y el de la parroquia de San Miguel de Jerez de la Frontera. Diseños con esquemas clásicos, con dos cuerpos y tres calles, que son los imperantes en el período manierista.

Lima, centro montañesino por excelencia

Además de su obra española y sobretodo sevillana, no hay que restarle importancia a la americana. Juan Martínez Montañés se convierte en el escultor más importante para la América española del s.XVII. Concretamente Lima fue el centro montañesino por excelencia para que desde allí su obra se expandiera por el resto de América. “Esta es, quizá, la mayor y más trascendente de las importancias que pueden concederse al arte de Montañés en América, la de haber influido con sus creaciones a toda una generación y lograr, a través de sus obras y discípulos activos en el Perú, que casi todo el continente Sur se exprese plásticamente en las inconfundibles características de su arte” (Bernales Ballesteros).

Su obra, un punto de inflexión en la escultura barroca

Además de los retablos, Montañés destacó por su escultura, usando como material la madera, a la que daba un exquisito acabado el pintor y suegro del artista, Francisco Pacheco, colaborando con la policromía y quién defendía las encarnaciones mates, sin brillos, para acentuar aún más el realismo de la talla.

Montañés realiza en la escultura sevillana una revolución según indica M.E.Gómez-Moreno: “Se inspira en el natural; los rostros son siempre expresivos, los cuerpos macizos y aplomados, los desnudos correctísimos, aunque siempre realistas; las telas caen con pesantez sin artificio, y las actitudes, reposadas y serenas, tienen una elegancia plena de naturalidad. Sobre todo esto descuella su portentoso modo de modelar, la calidad exquisita de su talla, tan perfecta como pocas veces la logró nuestra escultura”.

Cristo de la Clemecia

Cristo de la Clemencia/ Catedral de Sevilla

El escultor ya se había dejado llevar por el modelo iconográfico de Torrigiano con la figura de san Jerónimo del retablo del Convento de las Clarisas de Llerena (Badajoz), una tensión emocional en el rostro que indica los conocimientos anatómicos del tallista. Pero, no es hasta 1603 cuando Montañés realiza su primera obra maestra, el cristo de la Clemencia para la Catedral de Sevilla. Encargado por el canónigo Vázquez de Leca quién exigió por contrato que debía estar “mirando a cualquier persona que estuviese orando al pie de él, como que está cristo mismo hablándole”. Se inició en 1603 y finalizó en 1606, representa a Jesús crucificado pero aún vivo, sujeto con cuatro clavos, uno en cada mano y pie; la cabeza está inclinada hacia el hombro derecho y la mirada hacia abajo directa al creyente; los pliegues del paño de pureza crean un juego de luces y sombras con una anatomía perfecta comedida en la tensión muscular; tanto del estofado como de la encarnación se encargó en mate se encargó Francisco Pacheco.

Niño Jesús Parroquia del Sagrario

Niño Jesús bendiciendo de la Iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla

Tres años después, en 1606 realiza la imagen del niño Jesús bendiciendo, encargada por la Hermandad Sacramental de la parroquia del Sagrario, convirtiéndose en el modelo iconográfico más representativo de la devoción del Dulce Nombre de Jesús. Dotada de gran elegancia y clasiciscmo, presenta una posición de contraposto. Porta un cáliz en su mano izquierda, aunque parece ser que anteriormente llevaba una cruz arbórea.

Hacia 1610-1615, (por documentos históricos que lo atestiguan), la Hermandad de Pasión y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo con sede en el convento de la Merced (actual museo de Bellas Artes), encargó a Montañés la hechura del titular cristífero de la corporación. La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión estuvo en el convento hasta 1810, teniéndose que trasladar al templo de San Julián a acusa de la invasión francesa. Es en 1868 cuando se establece en la parroquia del Divino Salvador y se fusiona con la sacramental del templo. Se trata de una obra tallada en madera, representando Jesús con la cruz alBesapiés extraordinario Pasión, ÁlvaroAguilar (7) hombro caminando hacia la calle de la Amargura, apoyando el pie izquierdo en el suelo mientras que el derecho apenas lo roza con el primer dedo, un equilibrio inestable propio de estatuaria manierista. El rostro es de líneas muy clásicas, con mucha fuerza expresiva, agudizó el claroscuro aumentando el dramatismo como obra concebida para ser vista en la calle y no de oratorio. La policromía presumiblemente es de Pedro Pacheco, reforzando la naturalidad de la imagen. Tanto supuso la obra del nazareno para el imaginero y Sevilla que tuvo que llegar a mencionar en alguna ocasión “Que es obra de Dios, que no mía”.

Inmaculada 'la Cieguecita' Catedral Sevilla

Inmaculada ‘la Cieguecita’ Catedral Sevilla

En 1629 talla la Inmaculada Concepción, ‘la Cieguecita’, popularmente conocida por sus ojos entreabiertos. Aparece de pie sobre un pedestal que lo compone una nube, una media luna y tres ángeles. Es representada en su juventud con una belleza extrema,en actitud orante con las manos unidas por los dedos delante del pecho. El cabello aparece suelto con la raya en medio, simbolizando la pureza de la Virgen con el rostro de nácar, además está coronada por doce estrellas simbolizando el apostolado y las tribus de Israel. Se puede observar un pequeño contraposto al avanzar la rodilla izquierda.

Además de las obras descritas anteriormente, destacamos san Cristóbal (Iglesia del Salvador, 1597), retablo mayor del monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce, 1609-1613), san Ignacio de Loyola (Iglesia de la Anunciación Sevilla, 1.610), san Bruno (museo de Bellas Artes de Sevilla, 1634), san Juan Evangelista y san Juan Bautista (convento de Santa Paula Sevilla, 1637 y 1638) y la Batalla de los Ángeles del retablo mayor de la iglesia de San Miguel (Jerez de la Frontera, 1640).

A Juan Martínez Montañés se le debe la creación de la escuela sevillana de escultura barroca y haber fijado en el imaginario español los modelos de cristo crucificado y de la virgen Inmaculada.

About Estrella Carreño (85 Articles)

Directora General De Nazaret a Sevilla. Dirijo Contenido, Márketing y RRSS. Community Mánager. Publicista. Hermana de la Estrella, Esperanza de Triana, Pasión, y Rocío de Triana. Colaboradora de la Revista Estrella. Twitter: @EstrellaCarre.

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