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Algunas heterodoxias de la Semana Santa

El Preste

Sevilla es una ciudad excesivamente tradicionalista, donde a veces la originalidad se castiga y el salirse de unos límites preestablecidos implica una ofensa para una parte de la sociedad. Parece que cada vez esto está más acentuado, aunque de unos siglos para acá siempre existió ese dogma de intentar imponer una sola visión de la ciudad. Hoy vamos a ver cinco ejemplos de heterodoxias de la Semana Santa, que demuestran que ese corsé que se le intenta poner a la ciudad no es real. Algunas de estas heterodoxias son más lejanas en el tiempo y otras coetáneas a nuestros días. Algunas claramente tiene fin irreverente y otras son hechas por personas pertenecientes al mundo cofrade. Hoy en día para algunos todo es un ofensa, no saben discernir entre la afrenta, lo provocador o los diferentes puntos de vista que un mismo asunto tiene, incluso no tienen la capacidad de algo tan sano como es reírnos de nosotros mismos.

– La Semana Santa de las cigarreras. Nos situamos a finales del siglo XIX en la fábrica de Tabacos de Sevilla. Días antes de la Semana Santa las cigarreras de la ciudad organizan una Semana Santa ‘carnavalesca’. las trabajadoras se disfrazan de cofrades, guardias civiles, toreros, imágenes sacras o nazarenos. Esta teatralización, que hay quien la define como ‘orgía sacrílega y fiesta hedonista’, era en el fondo no sólo una critica a ciertos estamentos de la ciudad, sino una parodia del día a día de aquella época, ya no sólo local, sino también nacional. Figuras como Cánovas o Sagasta no salían muy bien paradas de esta representación. La procesión acabó con un intervención policial, no tanto por lo representado allí, sino por escandalosas y porque hubo algunas que promovieron el “provocar tumultos, carreras y sustos” ¿Os suena?.

– El besamanos transgresor. Nos situamos en el barrio de la Alameda al final de los años 70’s del pasado siglo XX, época de rebeldía y de luchar contra la ortodoxia establecida desde arriba. En una casa okupa, de la siempre peculiar calle Joaquín Costa, un grupo de personas representaba cada Cuaresma un besamanos ‘underground’ de la Macarena. Un actor inmóvil pretendía simbolizar a la Esperanza, vestía una saya verde de papel metálico y el altar estaba adornado, como si de un culto se tratase. Según apuntan algunos, este evento conseguía atraer a un buen número de público e incluso hacían suyo un símbolo que realmente la mayoría no compartía. Este acto no hería la sensibilidad de casi nadie, especialmente porque fuera de ese ámbito surrealistas no era muy conocido.

– La procesión de Riego. Era Domingo de Ramos de 1820, días antes se había terminado (momentáneamente) con el reinado absolutista de Fernando VII, empezando el Trienio Liberal. Una procesión festiva de danzas y cantos atraviesa el centro de Sevilla. Van hacia el Prado de San Sebastián para acabar con los restos de lo que había sido el quemadero de herejes ajusticiados por el Santo Oficio. Llevaron a Riego, líder del movimiento sublevado, en procesión. Las tablas del quemadero formaban parte de este singular cortejo. De nuevo la mascarada mezclaba tintes religiosos con carnavalescos. Hay que decir que se prohibió a las hermandades de ese día vestir el hábito nazareno y se les obligó a entrar en sus templos antes de la medianoche para así evitar desmanes.

–  La obra ‘Estrella sublime’. La compañía “Bastarda Española” lleva 17 temporadas representando, por diversos lugares de la geografía andaluza esta obra. Personalmente la he visto y me gustó muchísimo, donde algunos ven insulto, en realidad lo que hay es crítica a un mundo cofrade ombliguista e hipócrita. Comprendo que haya quien pueda sentirse ofendido por ver una representación de la virgen sentada en la barra de un bar, todo hay que ponerlo en un contexto y es mejor opinar habiendo visto la obra, pero sinceramente creo que hacen falta puestas en escenas como esta, que para nada pretenden atacar a la fe, sino más bien reírse de uno mismo.

– La hermandad de la pata de pollo. ‘Tradición’ que se dio en pleno siglo XXI. Un grupo de cofrades, incluso algunos de los que calificaríamos como rancios, organizaban esta procesión por las calles de la Feria. Situaban una pata de pollo encima de una silla, con hachones en forma de botellas de fino y faldones de papel de plata. La procesión avanzaba por el Real entre mezclas de “guapa”, sones de campanilleros y alguna que otra sevillana. Todos los años había el correspondiente ‘besapata’ previo a la salida y según cuenta la leyenda llegaron incluso a hacer una coronación canónica. El día que salía era también muy simbólico: en la madrugada del jueves al viernes de Feria. Ya veis que no le faltaba un detalle.

About Agustín López (139 Articles)
Opinión en De Nazaret a Sevilla. Autor del blog el preste. Geógrafo. Hermano de Santa Cruz. Twitter: @elpresteblogspo

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