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Las 50 sombras del beige

La Espera Se Ve

El beige, ese color tan utilizado por ilustres sevillanos en pantalones y/o tiradoras, en carpetas de cuero y envoltorios de mecheros. El beige, ese tono tan referido a la elegante presencia de los señores que mandan y deciden en las cuestiones de estado de la mariana ciudad de Sevilla.

El beige es un color que disimula muy bien los salpicones de gambas frescas o las gotas del hielo macizo de un gintonic de catorce euros. Es el tono preferido para lucir en las mesas presidenciales y en las solemnes funciones de las cofradías. Sin duda, es el color que mejor combina la percha sevillana con el firme patrico de las presuntuosas cabelleras.

Pero las apariencias engañan, siempre me decía mi abuelo. Y no les voy a decir que tengan cuidado con los que visten de beige porque posiblemente a mi también me verán luciendo prendas de este cofrade tono. No les diré que no se fíen de lo que éstos les prometen, pero no dejes de alcanzar a la vista las 50 sombras que cada uno en este selecto mundillo pueden llegar a esconder.

Hay algunos que fuman su cigarrillo con sensación de poder. Otros, meten las manos en su exclusiva cazadora beige para aparentar que su posición es relevante. Y están aquellos que se remangan los tercios de los pantalones hasta alcanzar el sensual vello corporal de sus esculpidas piernas. Es algo encantador a la vista.

Pero no, el tiempo y la experiencia ha hecho que mi balanza se incline hacia aquellos que usan vaqueros rotos y botines viejos. Por esos cofrades que siempre huelen bien aunque su americana no sea de Scalpers. Por la gente que te mira de frente, te dice lo que piensa y opina con libertad sin miedo a que nadie lo señale por lucir una melena rizada y una barba descomunal. Estoy harto de apariencias en nuestras cofradías, de egos que nos empequeñecen y de los que yacen en la más cruel falsedad. Hemos alzado equipos de gobiernos que creen tener el bastón de mando del mundo y no se dan cuenta que sólo somos un grano de arena entre la inmensidad. En Lourdes o en Fátima, tirando del que pide ayuda me gustaría verlos con sus pantalones beige de 180 euros y su perfilado bigote.

Y hay que ser elegantes en ocasiones concretas, por supuesto. Pero no hagamos de nuestras vidas una eterna mentira de poder y apariencia. Hoy día, y visto lo visto, me quedo con un ángel en botines que con una cazadora beige que, al final de la película, nos terminará mostrando sus más de 50 sombras.

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