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Martín Santonja: “El bordado nunca estará lo suficientemente reconocido; la gente no valora las artesanías”

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Besamanos Virgen de la Encarnación Hermandad San Benito | 10 Diciembre 2018 | Benito Álvarez

El protagonismo lo debe tener la obra, que al final es la que mejor va a hablar de tu trabajo. El bordador Mariano Martín Santonja (Sevilla, 27/06/1974) lo tiene claro. Alejado normalmente del foco mediático, el artista no duda en señalar al manto de la Virgen de Regla (2010) como el punto de inflexión de su taller. Un año después, la túnica del Señor del Soberano Poder ante Caifás también recibió un gran número de elogios. Hoy, dos décadas después de iniciar su andadura en la calle Gallos, Mariano Martín Santonja y su taller viven un momento realmente dulce.

Cofrade de los Panaderos y San Benito, Martín Santonja también es el vestidor de la Virgen de Regla y de la Virgen de la Encarnación, sus dos grandes devociones. Una faceta que considera más íntima, una labor callada que, bajo su juicio, está adquiriendo un protagonismo desmesurado. La entrevista completa, a continuación.

¿Por qué se dedica Mariano Martín Santonja al arte del bordado?

Casi de manera circunstancial. De pequeño, quería ser escultor, pero la vida no se decantó por ese arte. Es cierto que me gustaban los oficios manuales y poco a poco las circunstancias fueron derivando al bordado. Acabé dedicándome a este oficio porque siempre me gustaron las artes que rodean a la Semana Santa, pero no fue ni por tradición familiar ni por una pasión desmedida desde pequeño. Lo único que tenía claro es que quería dedicarme a algo relacionado con la Semana Santa.

¿Qué recuerda de sus inicios en el oficio?

Me inicié en el taller de bordados del Calvario con lo básico en cuanto al bordado a realce, porque yo ya hacía el bordado de aplicación de manera autodidacta. Posteriormente, tuve la oportunidad de entrar en el taller de Santa Isabel, donde resolvía dudas sobre los trabajos que ya venía realizando. Ellas me guiaban los encargos. Me dieron cierta libertad.

Es decir, antes de abrir su propio taller, ya realizaba obras.

Son trabajos que llegan sin esperarlo. Recuerdo que cuando firmé mi primer contrato, me tembló la mano. Al principio, tienes dudas sobre si realmente te puedes dedicar a este oficio o no. Comienzas con encargos pequeños que poco a poco se van convirtiendo en trabajos de mayor envergadura. Había veces que me llevaba meses sin recibir encargos o, por el contrario, me llegaban cuatro o cinco trabajos. Así empiezas, con muchos altibajos. Hasta que tienes cierta fluidez de encargos.

Su taller lo abre en 1998, ¿cómo es de complicado hacerse un hueco en el mundo del bordado?

Es complicado porque hay mucha competencia y, por lo tanto, personas que están muy bien preparadas. Es cierto que te encuentras a gente sin cualificación con la que también tienes que competir. Cuesta mucho esfuerzo hacerte un hueco en el mundo del bordado porque hay que saber llevar un taller y contar con trabajos para conservar al personal. Mantener un taller es más complicado que simplemente bordar. Además, las piezas tienen que estar bien ejecutadas para que las hermandades queden contentas y puedan repetir; es decir, la mejor publicidad del taller es el trabajo bien hecho. A todo ello hay que sumarle que hay competir teniendo equilibrio entre buenos precios y calidad.

También hay que «pelear» con la competencia desleal, ¿no?

La mayoría de los artistas hemos empezado por abajo. El tiempo es el que te va depurando la calidad y te va dando mejoras. Por ejemplo, cuando yo estaba empezando, no estaba preparado para acometer ciertos trabajos. Sin embargo, actualmente, hay talleres que están empezando que se atreven a hacer piezas para las que no están preparados. Así, se realizan obras carentes de calidad. Por economizar, las hermandades les encargan trabajos a personas que están empezando y, por ende, las piezas no tienen la calidad que requieren. Hay veces que las corporaciones no escogen bien.

«Hay hermandades en las que prima hacer las piezas en los mandatos de las juntas de gobierno y no que la obra se haga con calidad y, por lo tanto, se tarde más tiempo. No se mira que es un trabajo con vistas a la hermandad»

El manto de la Virgen de Regla es el punto de inflexión del taller, ¿no?

El manto de la Virgen de Regla fue un antes y un después para el taller. Se demostró que  en un tiempo récord, justo un año, se podía hacer. Fue un esfuerzo sobrehumano. Se estuvo a la altura.

¿Qué le da al taller tener una pieza de tal calibre en la Semana Santa de Sevilla?

El manto de la Virgen de Regla es la referencia del taller. Cuando una hermandad viene a realizar un encargo, lo hace porque ya has ejecutado un trabajo de envergadura. Alguien siempre te tiene que dar la oportunidad. Es cierto que puedes pagar la novatada de precio, de perder dinero, de esfuerzo. Pero un trabajo de calidad como éste es lo que te sirve de publicidad para, posteriormente, tener más encargos, para poder tener un sitio en el mundo de las cofradías con el fin de que te encarguen trabajos de envergadura y de calidad.

¿Es una pieza que refleja el sello Martín Santonja; es decir, sus trabajos tienen un estilo?

Actualmente, buscar un sello es muy complicado porque ya está todo creado en el mundo del bordado. Puedes coger características de muchos artistas. En este sentido, hay que saber enlazar bien un estilo con otro, una característica con otra. Es decir, encajar diferentes estilos: hay cosas típicas de Rodríguez Ojeda, de Esperanza Elena Caro o de las hermanas Antúnez. Se cogen referencias y puntos de los artistas que a lo largo de la historia se han dedicado al bordado.

Es decir, que resulte una pieza identificativa con el bordado sevillano.

Sí, el estilo del taller es sevillano. Por circunstancias, Sevilla ha sido el alfa y el omega en el arte cofrade. En nuestra ciudad es donde se han reunido el mayor número de talleres relacionados con el arte sacro. Aquí ha quedado un gran legado. Aunque el bordado a realce es a nivel nacional, se define como sevillano porque muchas provincias no tenían talleres de bordado y las hermandades venían a realizar sus encargos a Sevilla. De hecho, el taller trabaja mucho más para fuera de la capital.

Se acaba de presentar la saya ‘de la urna’ de la Macarena: ¿qué ha supuesto dicho trabajo para el taller?

Trabajar para la Macarena es trabajar para la élite. Es la hermandad de mayor relevancia de Sevilla, por lo que es bastante importante para cualquier taller. Además, soy muy macareno y he depositado mucha ilusión en la pieza. A todo ello hay que sumarle que recuperar un trabajo antiguo y que fue realizado por un artista con tanta repercusión como Rodríguez Ojeda es muy bonito, porque es reproducir una obra que se perdió. Haber podido recuperar la saya ‘de la urna’ te llena de orgullo. Ha sido una satisfacción muy grande.

«Cuando una pieza se restaura y el 50% hay que hacerlo nuevo, no merece la pena restaurarla. Lo mejor es hacer una réplica y guardar en una vitrina la obra original. Se están restaurando piezas de esta forma y eso es un error»

El manto de la Virgen de Regla se estrenó en el año 2010.

Se están popularizando este tipo de recuperaciones, ¿es positivo?

Es positivo. Aquí todos vivimos del pasado; la referencia y la época buena del bordado es la del pasado. Ahora se hacen cosas con calidad, pero es que antiguamente absolutamente todas las obras que se realizaban eran de calidad. Todos los trabajos eran de una gran categoría porque había una perfección técnica muy alta. Es decir, volver al pasado siempre es bueno. Además, en las piezas nuevas siempre echas una mirada hacia atrás, hacia los bordadores anteriores.

Se tiene la percepción de que las hermandades están muy concienciadas en mantener el patrimonio, ¿es así?

Es cierto que las hermandades se están preocupando por restaurar sus piezas, pero no estoy de acuerdo en los criterios de restauración que se están aplicando en muchos casos. Cuando los mantos o los palios se restauran, es para seguir siendo usados. Entonces, cuando una pieza se restaura y el 50% hay que hacerlo nuevo, no merece la pena restaurarla. Lo mejor es hacer una réplica y guardar en una vitrina la pieza original. Hoy en día, se están restaurando obras de esta forma y eso es un error porque ya no queda casi nada del original. El hilo de oro tiene un tiempo, no es una cosa que perdure, por lo que intentar aguantar ciertos hilos que están a punto de caerse y ponerle al lado otros completamente nuevos es un atraso. Cuando las cosas no están a uso, se guardan y se hace una reproducción exacta de la pieza. Así siempre queda lo que se hizo en su día. Una restauración es cuando la tela está mala pero el bordado se encuentra bien, pero no es ejecutar una obra al 50%.

¿Reconoce Sevilla la importancia del bordado?

No, este tipo de artesanías nunca estarán reconocidas porque las personas, como no conocen este tipo de oficios porque todo está muy mecanizado, no las valoran. La gente nunca se puede imaginar el trabajo que hay detrás de un manto o de un palio bordado, se echan muchísimas horas. Es un trabajo muy sacrificado que tampoco está muy bien remunerado económicamente.

Pero sí es cierto que las obras bordadas abundan últimamente en numerosas exposiciones.

Actualmente, el cuidado de las piezas bordadas es más exhaustivo por las barbaridades que se han hecho anteriormente. Por ejemplo, hoy en día, se nombran comisiones artísticas para que se encarguen del seguimiento de las restauraciones. En este sentido, hay que encontrar el equilibrio; es decir, hay comisiones que están formadas por personas que no tienen el suficiente conocimiento sobre el bordado o, por el contrario, hermandades que ni siquiera nombran a expertos para controlar una restauración. La virtud está en medio, ni en un extremo ni en el otro. O sea, ni demasiadas comisiones que puedan seguir un planteamiento erróneo ni talleres con plenos poderes para hacer y deshacer a su antojo.

¿Tiene algún sueño Martín Santonja?

Mi sueño principal es seguir trabajando como hasta hoy. He ejecutado obras para mis hermandades (Los Panaderos y San Benito) y para la Macarena, ¿qué más puedo pedir? Es cierto que me gustaría hacerle alguna pieza al Gran Poder o a la Esperanza de Triana, pero estoy contento con mi trayectoria y satisfecho con la calidad de las obras del taller.

«El vestidor ha alcanzado un protagonismo excesivo en la Semana Santa de Sevilla. Su labor debe ser más callada. No sé por qué será, pero al vestidor se le está dando una relevancia que no es normal»

También es el vestidor de la Virgen de Regla y de la Virgen de la Encarnación, ¿por qué de estas dos dolorosas?

Es cierto que soy el vestidor de las dos hermandades de las que soy hermano, pero visto más vírgenes fuera de la capital de Sevilla. La primera dolorosa que vestí fue la Virgen de Regla. En la Hermandad de los Panaderos empecé como ayudante con solo 17 años y con 22 ya la vestí para el paso. La Virgen de Regla es un referente en mi familia, es la gran devoción de mi casa. Mi otro gran referente es la Virgen de la Encarnación. Tengo la suerte de ser el vestidor de mis dos grandes devociones. En ese aspecto, puedo decir que soy profeta en mi tierra.

¿Ha tenido algún maestro?

Pepe Garduño y Fernand han sido mis dos grandes referentes como vestidor. Especialmente, Pepe, que creo que ha sido el más innovador en el arte de vestir a las imágenes. Es quien marca el estilo, quien hace que cambie la manera de vestir de las dolorosas. Fernand también era un gran vestidor. En mi opinión, han sido los mejores de la Semana Santa de Sevilla.

También hablamos de un arte, ¿no?

Considero que vestir a una Virgen es más una capacidad que un arte. Evidentemente, todo el mundo no es capaz de hacerlo. Para vestir a una imagen, hay que tener habilidad e inquietud. Debes compaginar ambas características. Hay muchas personas que se empeñan en ser vestidores y no poseen la capacidad para ello. No considero que sea un arte, es una capacidad y una habilidad que se mejora con el paso del tiempo.

¿Ha alcanzado un protagonismo excesivo el vestidor?

Sí, el vestidor ha alcanzado un protagonismo excesivo en la Semana Santa de Sevilla. Su labor debe ser más callada. No sé por qué será, pero al vestidor se le está dando una relevancia que no es normal. Por ejemplo, en su momento, a Pepe Garduño, que era el vestidor de la Macarena, no se le conocía. También es cierto que con los medios de comunicación es más fácil estar al tanto de este tipo de cuestiones. En los programas de mano, ya hasta puedes conocer quién es el vestidor de las imágenes; no lo entiendo. Es una labor íntima. Es una moda que espero sea pasajera, aunque creo que no va a durar poco tiempo. Está en auge. El tema de los vestidores se ha pasado de la raya, no tiene por qué tener tanta repercusión. Hay cosas muchos más importantes en el mundo de las cofradías que el tema de saber quién viste a la Virgen o cómo está vestida.

«Considero que vestir a una Virgen es más una capacidad que un arte. Es una habilidad que se mejora con el paso del tiempo»

Virgen de Regla 2017. / Álvaro Aguilar.

A Martín Santonja no se le reconoce tanto esta faceta.

Claro, yo voy por la vida de bordador y no como vestidor. Evidentemente, visto muchas imágenes porque es parte de mi oficio. Es un punto de referencia. Tampoco es tan bonito como parece ser vestidor; hay que viajar mucho, hay que trasnochar, hay que vestir a la imagen siete u ocho veces en el año, etc. Además, tienes una gran responsabilidad. Después, te critican mucho, pero esas mismas personas no son capaces de vestir a una Virgen.

¿Cuál es la clave para que una dolorosa esté bien vestida?

Que no se caiga nada en la calle y que las prendas estén puestas con naturalidad. Sin más. Eso es lo básico. Esa es la mayor responsabilidad del vestidor. Además, intento que cada Virgen tenga su sello. Al igual que en el bordado, me gusta coger ideas, características de los diversos vestidores que han destacado en la Semana Santa de Sevilla. Evidentemente, cada vestidor tiene su estilo: más sobrio o más alegre. Yo me considero un vestidor de vírgenes alegres, que era el estilo que se llevaba cuando yo era niño y al que, después de una época más sobria, se está volviendo de nuevo.

Para concluir, ¿qué siente Martín Santonja cuando viste a la Virgen de Regla?

Cuando yo era pequeño, jugaba a ser el vestidor de la Virgen de Regla y a ser el prioste de la Hermandad de los Panaderos. Es decir, me siento realizado; soy el vestidor de la Virgen de Regla y es lo que siempre he soñado. Lo siento todo, es mi devoción y la de mi casa. Evidentemente, también soy de San Benito y la Virgen de la Encarnación es una parte muy importante de mi vida. La visto con el mismo cariño que a la Virgen de Regla. Pero, por circunstancias, la dolorosa de los Panaderos es la Virgen de mi niñez. La Virgen de Regla es muy especial para mí, es una parte más de la familia.

About Fran Delgado (196 Articles)
Entrevistas en De Nazaret a Sevilla. Periodista. Hermano de la Esperanza de Triana y el Gran Poder. Twitter: @unfrandelgado.

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