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Todo es Rocío

Es imparable. Mayo asoma por la ventana de la añoranza y mientras que unos pretenden copar portadas de periódicos tras infructuosos intentos con enésimo actos y desiertos mensajes, un mero traslado de un Simpecado de la Santísima Virgen del Rocío se convierte en el único lucero capacitado de anunciar a la ciudad que el tiempo de María llega. Los pregones ahora son los que afloran de los versos a la Blanca Paloma. Y los carteles, los que vislumbran la romería más importante de todo el mundo. Es Rocío, no busquen más.

Será por eso que cuando uno se marcha un fin de semana para desconectar de la agotadora rutina el móvil sólo “molesta” con alertas informativas cuando el Rocío es el protagonista de la información. Que si carteles de excelsa calidad y no exentos de debate que alargan su caducidad. Que si altares de novena y restauraciones ejemplares. Que si pregones en el Aljarafe que recogen todos los focos. Es Rocío, no busquen más.

Y crece. Año tras año el fervor rociero es mayor y más pronunciado. Y aún sin que nos pertenezca la raíz de su germen, Sevilla lo hace tan suya que no lo pareciera. Y así cientos de miles de sevillanos viven ya su particular “Cuaresma”, acudiendo a los cultos en los templos, preparando remolques con guirnaldas, limpiando carriolas y rescatando sus medallas de la esquina de ese cuadro donde reina la Blanca Paloma. Es Rocío, no busquen más.

Un fervorín de ilusiones que llenan del esplendor de María a Sevilla. En su significado más glorioso, en su amor más letífico, la Gloria se hace Rocío cuando mayo asoma. Y lo vuelve a llenar todo sin que nadie lo detenga, ni a pesar de los intentos fallidos de aquellos que desdibujan un escenario tan auténtico, tan único, tan mágico en el que prostitutas, borrachos y drogadictos sólo habitan en sus inconscientes y perversas mentes. “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos…” Es Rocío, no busquen más.

Y son hermandades que perfuman a la ciudad, iguales que las de un Martes Santo, las mismas que procesionan por arrabales alabando al Santísimo Sacramento del altar. Y son nuestras. Son huellas de nuestra propia historia. Señuelos que nos llenan de alegría y esperanza cuando Pentecostés se traza en ese rostrillo tan lleno de María. El mejor pregón que en una sola palabra -Rocío- no agota y lo dice todo. Es ese otro pórtico que en el prólogo Sevilla cruza, y cada año con más gente, para alcanzar la dicha de este extraordinario tiempo de Glorias que ya envuelve a la ciudad. Todo es Rocío, no busquen más.

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