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Impidamos la clausura de conventos (II)

Santa Teresa de Jesús. No se puede empezar este convento sin mencionar a la santa abulense, fundadora de éste y de muchos conventos por el territorio español. Todo empezó en su tierra natal con el primer convento que funda, San José de Ávila. San José será su devoción principal y así se muestra en muchas de sus fundaciones.

 

 

 

Teresa recibe el permiso de Roma para fundar conventos y no duda en ponerse en camino. En una de sus paradas en Medina del Campo conocerá a una figura fundamental en su vida, San Juan de la Cruz. Él la convencerá de ayudarle en una reforma monástica que derivará en la fundación del primer convento de la orden de los descalzos en Duruelo, Ávila.

Si bien, nunca tuvo entre sus planes fundar un convento en Sevilla, más bien se vio obligada a ello por el padre fray Jerónimo, comisario de la provincia de Castilla:

“Parecióle (…) que sería gran servicio de Dios fundar en Sevilla, (…) porque se lo había pedido algunas personas que podían y tenían muy bien para dar luego casa; y el Arzobispo de Sevilla favorecía tanto a la Orden, que tuvo creído se le haría gran servicio; y así se concertó que la priora y monjas que llevaba para Caravaca, fuese para Sevilla. Yo, aunque siempre había rehusado mucho hacer monasterio de estos en Andalucía por algunas causas, como vi ser aquélla la determinación del prelado, luego me rendi, aunque yo estaba determinada a otra fundación, y aun tenía algunas causas que tenía, bien graves, para no ir a Sevilla”.

Dicho todo esto, la experiencia camino de Sevilla no le hizo ni mucho menos cambiar de opinión, el calor sevillano no es sólo motivo de queja en el siglo XXI, ya lo era en el XVI:

“habiendo pasado un grandísimo calor en el camino (…) que como había dado el sol a los carros, que era entrar en ellos como en el purgatorio”.

 

 

 

Mientras recibía la licencia para fundar el convento de Sevilla tuvo que pasar en una casa de alquiler casi un mes de espera. Al parecer el Arzobispo de Sevilla no era muy favorable realmente a la fundación de conventos de monjas humildes. Se encuentra obligada Teresa a quedarse en Sevilla y contaba tan solo con “lo que traíamos vestido y alguna túnica y toca”. Además, tuvo tentaciones por su fuerte personalidad y poco aprecio por la tierra sevillana:

“Que, si no fuera por el padre comisario y el padre Mariano, que yo me tornara con mis monjas, con harta poca pesadumbre, a Beas, para la fundación de Caravaca”.

Finalmente consiguió una serie de casas para la fundación del convento. Para ello se optó por organizar una procesión solemne que diera fama al nuevo edificio:

“para que fuese conocido el monasterio en Sevilla (…) concertaron que se trajese de una parroquia el Santísimo Sacramento con mucha solemnidad, y mandó el Arzobispo se juntasen los clérigos y algunas cofradías, y se aderezasen las calles”.

Para colmo de Santa Teresa hasta una procesión solemne en Sevilla se volvía obra del diablo ya que se lanzaron fuegos de artificio que al parecer prendieron en la clausura sin llegar a causar graves daños materiales. Concluye la santa:

“El demonio debía estar tan enojado de la solemnidad que se había hecho y ver ya otra casa de Dios, que se quiso vengar en algo y Su Majestad no le dio lugar”.

Finalmente, el convento de San José del Carmen, vulgo de las Teresas se funda en el año 1576. Hasta 1586 no se desplaza a su actual emplazamiento. El traslado fue presidido por San Juan de la Cruz.

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Calvario del retablo mayor.

No ha sido un templo que haya sufrido especialmente por los expolios. Si se vio afectado por las desamortizaciones de 1835-1837 ya que uno de los decretos dictaba que se tenían que cerrar aquellos conventos que contaran con menos de 20 monjas. Las reglas de las carmelitas descalzas hacían peligrar su continuidad ya que tenían por norma sólo albergar un máximo de 21 monjas. Afortunadamente, contaron con la intervención de la reina Isabel II y pudieron subsistir esquivando la ley vigente.

En el siglo XIX sufrieron la caída de un proyectil durante el bombardeo del general Van Halen sobre la ciudad de Sevilla en 1843, que no causó graves daños, este acontecimiento junto al terremoto de 1856 obligaron a tener que realizar una serie de restauraciones.

Ya en el siglo XX intervendrían en el edificio Aurelio Gómez Millán (1950-1952) y Rafael Manzano en la década de los 70 y los 80.

A continuación, vamos a destacar una serie de obras que consideramos de importancia de este convento.

La iglesia es diseñada por el milanés Vermondo Resta en 1603. Destacar que este convento contó con la intervención de los mejores artistas del momento, como era el caso de Vermondo que fue maestro mayor del Arzobispado de Sevilla y del Alcázar. Intervienen en el edificio con posterioridad Fernando Rodríguez en 1736 y José Echamorro en 1856.

El retablo mayor es obra de Jerónimo Velázquez (1630). La imagen titular del templo, San José con el Niño, la realiza Juan de Mesa, con una posible intervención de su maestro, Martínez Montañés. Todas las tallas del retablo fueron policromadas por el luxemburgués Pablo Legot en 1632. Legot era un gran colaborador de Montañés, por poner un ejemplo, otra imagen suya que policromó fue el Niño Jesús de la Hermandad Sacramental del Sagrario. En esta época de dominio de los gremios cada artista sólo podía actuar donde estuviera especializado, por eso imagineros como Montañés necesitaban de pintores para policromar sus obras como Francisco Pacheco o Pablo Legot.

 

 

 

Otra obra de gran valor es el retablo de la Inmaculada, cuya talla principal es obra de Juan de Mesa fechada en 1610. En más de una ocasión ha presidido el altar mayor de la iglesia con el hábito carmelita. Un asunto muy en boca hoy día con otra orden, la mercedaria por el Tiro de Línea. El retablo es obra de Fernando de Barahona del siglo XVII. El resto de tallas son del círculo de Pedro Roldán.

El retablo de la Encarnación es de Luis de Figueroa y cuenta con pinturas con temas como la Anunciación o El Padre Eterno de Francisco de Herrera (1627) o las del Bautista, San José, Virgen con el Niño y Santa Teresa de Juan del Espinal del siglo XVIII.

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Virgen del Carmen acogiendo a la orden carmelita.

No debemos olvidar entrar en la sacristía a la derecha del altar mayor, para contemplar la que dicen que es el mejor retrato de Santa Teresa de Jesús, una pintura realizada por fray Juan de la Miseria en 1576. Si quieren conocer la anécdota sobre este cuadro les recomendamos ver el vídeo con los comentarios del profesor D. Manuel Jesús Roldán Salgueiro, prometemos datos interesantes y divertidos.

Ya fuera de la iglesia, en el pasillo que nos lleva hacia las celdas no nos vamos a encontrar precisamente con obras menores, todo lo contrario. Podremos contemplar un retablo dedicado a la Virgen del Carmen, vulgo Virgen de la Pera de Juan Bautista Vázquez el Viejo del siglo XVI o un San José con el Niño del taller de Pedro Roldán.

En el oratorio una notable tabla con el tema de la Piedad de Luis de Morales. En el resto de salas como la de recreación cuentan con restos de un retablo de Bernardo Simón de Pineda, obra del siglo XVII y presidido por una Inmaculada. Simón de Pineda es autor por ejemplo del retablo mayor de la iglesia del hospital de la Caridad. Como última obra a destacar un conjunto de la Virgen con el Niño de la Roldana realizado en 1699 que se encuentra en la sala conocida como de la santa.

Reportaje en vídeo

 

 

 

 

En conclusión, el que lo desee puede pasear por el barrio de Santa Cruz en un viaje de más de 4 siglos sin el incordio del turismo extranjero, ni del local, ya que como ya dijimos, ni los sevillanos lo conocemos. Está en nuestras manos el no dejarlos en el olvido, que la ardua labor de Santa Teresa, que tanto sufrió en el calor sevillano por levantar este convento no quede en vano. Contamos con un patrimonio envidiable en éste y otros conventos, no permitamos la posibilidad de perderlo por no hacer el intento de conocerlo.

Como siempre queremos agradecer la colaboración de D. Manuel Jesús Roldán Salgueiro en esta ardua labor para dar a conocer a fondo los conventos de Sevilla que sufren en silencio el abandono de las instituciones laicas y religiosas de esta ciudad. También agradecer a la Hermandad de la Antigua y a su hermano mayor D. Fernando Núñez que siguen trabajando codo a codo con cada convento y que nos permitió grabar durante el Vía-Crucis realizado en este convento para poder dar a conocer también los actos que realizan en Cuaresma para difundirlos. Muchas gracias.

BIBLIOGRAFÍA:

  • AA.VV.: Sevilla Oculta. Monasterios y Conventos de Clausura. Sevilla. 1991.
  • DEL JUNCO, Antonio y YEBRA, Ismael: Sevilla en Clausura. Sevilla. 2012.
  • ROLDÁN, Manuel Jesús: Conventos de Sevilla. Sevilla. 2011.
  • SANTA TERESA DE JESÚS: Libro de las Fundaciones. Barcelona. 2015.
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