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Un «susurro» en la pared

El dicho toma forma. Nunca y mejor razonado, el cartel anunciador del Junio Eucarístico, de José María Pedernal, es un verdadero grito en la pared. En la pared de la historia de Sevilla, siempre de la mano del alma sacramental de la ciudad, se ha plasmado un óleo que lo dice todo y apenas olvida nada. Esa cerámica, coronada por el símbolo del Salvador, viene a levantar nuestra piel entre pliegos de enésimas convocatorias que ponen en valor lo que fuimos y lo que aún somos.

En este marco, con reminiscencias de la fachada albero de San Juan de la Palma, figuran convocatorias de cultos sacramentales de distinta época, desde el memorando de la clausura del XLV Congreso Eucarístico Internacional, presidida por San Juan Pablo II en nuestra ciudad en 1993 hasta el guiño a las actuales redes sociales, representado en el popular pajarito de Twiter, que además evoca el no menos célebre del azulejo de la Sacramental de San Pedro.

Pedernal, profesor de dibujo y hermano mayor de la Amargura, ha alcanzado la meta del cartelista: pregonar el tiempo que viene.

Un tiempo que reposa en silencio, sin apenas hacer ruido, pero que crece y florece. Con una ejemplaridad fuera de toda índole cofrade, desde la Sección Sacramental del Consejo, con Pepín y Ernesto al frente hoy día de ese batallón formulado por Teresa Enríquez, la loca del Sacramento, hace seis siglos, este tiempo tan hermoso como necesario para enderezar la «religiosidad popular» llega cada año con mayor fuerza. Haciéndose las cosas tal y como deben plantearse. Con formación al dedillo y de manera muy, pero que muy didáctica -ya está bien de discursos enredados y carentes de fundamentos-, con actos como el de este lunes que vuelven a ensalzar la valía artística de la cartelería en el ámbito sacramental y, por supuesto, con procesiones exentas de todo debate. Aquí no importa si una procesión de impedidos cambia de recorrido o llega media hora más tarde, porque aquí lo único y verdaderamente importante es llevar el Santísimo a todos los hogares de aquellas personas enfermas o desvalidas.

Al fin y al cabo, este es el sentido de todo. De todo lo que imaginas, como pueda ser el vestir el hábito de nazareno o ponerse al cuello el pañuelo de ese peregrino que en días caminará para encontrarse en Almonte con la Virgen del Rocío. Es la raíz de todo lo que pensamos ser, de todo aquello que cada año exportamos y de lo que tanto presumimos. Y no, aquí no sólo se anuncia el Jueves de Corpus en Sevilla o el domingo en Triana con el Corpus Chico. La sacramentalidad de esta ciudad alcanza, desde hace siglos, cotas insospechadas por muchos e inalcanzables, por mor de cada uno, para tantos. Ser sacramental quizás no esté de moda, pero el que lo prueba se queda y, sobre todo, se arranca el traje de las floridas tonterías cofradieras, con el perdón de la palabra.

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