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Bendito sea el Santísimo Sacramento del altar

Triduo al Santísimo Sacramento en la Hermandad de la Exaltación, 2014 | Jose Carlos B.Casquet

Sea por siempre bendito y alabado. Y que nunca lo deje de ser, porque es la más certera explicación del por qué estamos todo un año dando la “tabarra” con elementos superfluos quecompletan la piel de nuestras hermandades y cofradías.

Es la órbita de nuestra perseguida galaxia, en la que damos vueltas y vueltas sin más caminos que el de nuestra verdad. Esa esfera bendita que conforma nuestra mayor arma de construcción masiva y que todos los cristianos estamos llamados a custodiar en el Sagrario de nuestros templos y de nuestros corazones.

Y aunque algún lector pensará en estos momentos que ya está aquí este iluminado queriendo echar balones fuera para no hablar de los temas punzantes de nuestras cofradías, no se preocupe. Es normal. Usted no es raro. Es el fruto de una formación inerte, a veces inexistente. Y no se culpe, aunque si puede remédielo, es mi único consejo. Está a tiempo.

Porque sin Él de nada le sirve un hábito nazareno. Sin Él es improbable que se crea una historia con tintes fantasiosos y exenta de protagonistas de Hollywood. Sin Él tomar un cirio en sus manos y pasear por las calles céntricas representando a su hermandad este próximo jueves no le servirá de nada más que para pegarse un madrugón y pasar un mal trago de calor bajo el traje negro.

Impera la necesidad de qué hacemos y por qué lo hacemos. De encontrar respuestas a las mil dudas espirituales que nos puedan surgir en el devenir de nuestras rutinas. Toca aparecer y no esconderse para gritarle al mundo que nosotros, los cristianos, alabamos a Jesús Sacramentado.

Reside en cada iglesia, una vela roja encendida proclama su presencia y no, nunca falta cuando vamos en su búsqueda para ahogar nuestros problemas. Búsquenlo y seguro que lo encuentran, sea a la hora que sea (en la capilla de San Onofre, en la Plaza Nueva, tienen la mejor muestra). Alábale en cada Eucaristía y no desmitifique la importancia que requiere el acto de su consagración. No por repetitivo deja de ser fundamental.

Y no lo tome como mera formación. Es catequesis: creer sin ver, palpar sin tocar. Por ello, aunque la dificultad tapie los ojos de la fe, siempre será muy sencillo encontrarlo.

Es tu razón, mi razón para seguir caminando, creyendo y luchando por nuestras más protegidas tradiciones. Semana Santa, Corpus, Glorias, Rocío… Todo es nada si usted no grita al mundo desde la más ferviente creencia que BENDITO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR.

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