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El Cristo del Buen Fin, una joya por descubrir

Rostro del Cristo del Buen Fin. / José Carlos B. Casquet.

Sevilla tiene la suerte de poseer crucificados de un enorme valor. Todo experto, cofrade y enamorado del arte destaca la dulzura del Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes, la fuerza del Señor de la Conversión o, entre otras majestuosas imágenes, la expresividad del Cachorro. Juan de Mesa, Ruiz Gijón o Pedro Roldán le regalaron a Sevilla tallas magníficas. Coetáneo a todos ellos también desarrolló el arte de la imaginería un escultor quizá desconocido en la capital hispalense: Sebastián Rodríguez.  El Cristo del Buen Fin (1645) es la única obra del discípulo de Juan de Mesa para la Semana Santa de Sevilla.

El crucificado de la hermandad franciscana ha sido recientemente restaurado por parte del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). Unos trabajos de limpieza que se han desarrollado durante 69 días y que no han hecho más que confirmar al Señor del Buen Fin como una de las imágenes de más valor de la fiesta sacra hispalense.

Restauración preventiva

La junta de gobierno de la Hermandad del Buen Fin que preside José Luis Foronda decidió acometer la restauración del Señor con el fin de actualizar el archivo sobre el estado de la imagen. Sabedores de que la talla no presentaba grandes problemas, se pusieron en manos del IAPH: “No teníamos grandes preocupaciones porque gozaba de buena salud. Dubé de Luque, que siempre ha sido quien ha atendido al Cristo, nos confirmaba que el Señor estaba en perfecto estado”.

Quizá, unas pequeñas grietas en el gemelo y en el talón eran las cuestiones que más preocupaban en la hermandad. “El IAPH nos confirmó la teoría de Dubé, pero que, con carácter preventivo y sin ninguna urgencia, se le podía acometer el arreglo de esas pequeñas grietas, la revisión de ensambles y una limpieza”, afirma Foronda.

Cristo Buen Fin | 2018 | José Carlos B. Casquet.

Las caras de felicidad de los hermanos del Buen Fin son el mejor reflejo de la satisfacción y la tranquilidad que se respira en la corporación tras la restauración de su Cristo. Gabriel Romero, promotor sacramental, destaca el cariño con el que el IAPH ha tratado al crucificado y, por extensión, a la hermandad del Miércoles Santo: “El vínculo de la hermandad con el IAPH ha estado basado en el cariño. Desde el primer momento notamos la cercanía y se identificaron plenamente con la gran necesidad que nosotros teníamos de que nuestro Señor siguiera siendo el Cristo del Buen Fin”.

A este respecto, Romero recuerda una anécdota: “Cuando visitamos por primera vez al Cristo del Buen Fin en el IAPH, Cinta Rubio, que era la directora del proyecto de restauración, nos enseñó montones de bastoncillos y algodoncillos con los que iba haciendo pruebas de los distintos líquidos para sacar el color del Cristo. Ahí es donde ves la dulzura y el cariño con el que han hecho las cosas”.

Un hematoma que impresiona

Es cierto que a ojos de los cofrades el Cristo del Buen Fin no ha variado mucho su aspecto tras la restauración, ya que “se le ha realizado una limpieza superficial, no profunda”. Sin embargo, los hermanos de la corporación franciscana sí reconocen algunos rasgos que ahora se aprecian mejor. “Los pies, que estaban muy ennegrecidos, han quedado maravillosos. El sudario ha recuperado todo su esplendor, los regueros de sangre, la boca, que en muchas ocasiones se perdía con la barba…”, explica Foronda.

Por su parte, Gabriel Romero quedó impresionado desde el primer instante con la claridad con la que se percibe el hematoma que tiene el crucificado en su pómulo derecho. “Muchos pensábamos que conocíamos de memoria a nuestro Cristo y realmente ahora hemos descubierto facetas desconocidas, como un moratón en el pómulo derecho. Estamos conociendo a nuestro gran conocido”.

Misterio del Buen Fin de Luis Álvarez Duarte que procesionó entre 1972 y 1997.

Una imagen desconocida

El Cristo del Buen Fin fue recuperado por la hermandad en 1909, un año después de que la corporación se revitalizara en San Antonio de Padua. Hasta ese momento, la imagen se encontraba en el Salvador. Posteriormente, el crucificado formó parte de varios misterios durante el siglo XX. La imagen de Sebastián Rodríguez estuvo acompañada en primer lugar por María Magdalena, a la que se unieron después la Virgen y San Juan; posteriormente, se incorporaron las Santas Mujeres y un sayón; y por último, un centurión romano.

Con el paso del tiempo, dichas imágenes fueron desapareciendo de forma paulatina hasta que en el año 1972, Luis Álvarez Duarte confeccionó un misterio que representaba el momento en el que José de Arimatea recibe la autorización por parte del centurión romano para hacerse cargo del cuerpo de Jesús. Ambas figuras eran acompañadas por María Magdalena y Nicodemo.

Este misterio procesionó en la tarde del Miércoles Santo hasta 1997, puesto que un año después la hermandad decidió que el Señor del Buen Fin presidiera en solitario su paso. El objetivo por aquel entonces de la corporación era realzar el valor, la importancia de la imagen de Sebastián Rodríguez. “Gran parte de la hermandad piensa que el Cristo del Buen Fin es uno de los grandes desconocidos de Sevilla.  Es una talla magnifica, un Cristo hierático”, asegura José Luis Foronda. En la misma línea se expresa Gabriel Romero: “Nuestro Cristo del Buen Fin es una talla de un valor inmenso no solo a nivel sentimental, sino como obra artística”.

El Cristo del Buen Fin, una imagen peculiar y única en la Semana Santa de Sevilla. Un Señor de rostro maduro que invita a la reflexión, a orar ante Él. El Cristo del Buen Fin es, en definitiva, una joya por descubrir.

Vídeo: El Programa de OndaLuz.

About Fran Delgado (188 Articles)
Entrevistas en De Nazaret a Sevilla. Periodista. Hermano de la Esperanza de Triana y el Gran Poder. Twitter: @unfrandelgado.

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