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La cita de todos los años con la patrona, en imágenes.

Nuevamente la ciudad de Sevilla renovaba el primitivo rito de besar las manos a su patrona. Tras estos bochornosos días de calor, la Virgen de los Reyes esperaba refulgente el beso de cientos de devotos provenientes de diversos puntos de la geografía, que despedían de forma cariñosa a la Virgen.

Enjoyadísima y en su perenne estado sedente, la Señora se mostraba sin el Niño, sosteniendo el pañuelo con la izquierda y ataviada con el manto regalo de la Reina Isabel II, manto con el cual procesionó en su salida el quince de agosto. La numerosa cohorte aguardaba el rostro más sonriente, pacientemente en una larga cola que llegaba hasta la calle Alemanes, rodeando la iglesia del Sagrario al completo. Ahí no quedó la cosa, y a las once y diez de la mañana la cola llegaba al Palacio Arzobispal, tal y como atestiguaba un devoto en Twitter. Desde bebés hasta los más mayores, medianos, habitantes de España e incluso del extranjero. Esta parte de la devoción más pura se aleja de lo atiborrante que adolece el actual mundo de las cofradías.

El martes día 21 la visita se abreviaba hasta mediodía. La Patrona permanecía expuesta desde las nueve de la mañana hasta las dos. Bien temprano, la Catedral amanecía con cola para darle el último adiós antes de subir de nuevo a su altar, donde de nuevo esperará sonriente junto a su Hijo las oraciones y rogativas de sus fieles.

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