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Las pequeñas cosas del cofrade

Con la intermitencia de los grandes momentos, vamos forjando entre penas y alegrías, esas pequeñas cosas que nos hacen feliz en las cofradías. Gestos y detalles que conducen al verdadero sentido de nuestra pertenencia a la cofradía: ser y estar en ella, sin prevalecer, sin querer aglutinar. Sirviendo. En el más estricto significado de las palabras. Esas pequeñas cosas del cofrade nos hacen sentir que todo el trabajo que damos generosamente no se paga con dinero. Es la sonrisa ante el altar de cultos, el rezo intempestivo en el Sagrario antes de pasar a la casa de hermandad y su refrigerio. El abrazo con ese hermano antiguo que te dejó montar por primera vez la candelería. Es así. Las pequeñas cosas que se aglutinaban en la prueba de una nueva túnica, los nervios de ese enero de quinario que ponía por primera vez la dalmática sobre tu piel. La voz que sellaba tu nombre en la papeleta de sitio. Ese marzo que se escapa en un calendario de «levantás» imposibles porque no pudiste entrar. Las marchas de un cassette heredado que ahora es mp3, en recuerdo de tu abuelo. En estas pequeñas pero grandes cosas van los testimonios de quienes te hicieron cofrades y la risa de los niños que llegan al mundo con el escudo de la hermandad de tus amores. La verdadera razón de que seamos felices en esto es porque lo pequeño se hace grande en el corazón y es la verdad que conquista la tertulia entre amigos, el «favor» cuando hay un problema y esa llamada que nos recuerda que la vida es una semana pero que luego es el año entero viviendo lo mismo, sintiendo lo mismo.
Esperamos perplejos que nos sorprenda la primavera adelantada por la calle. Cómo si no supiéramos que no iba a venir. Y ella es la experiencia que remueve el alma, sacudiendo por las entrañas lo que nunca podemos olvidar. El beso de tu abuela antes de salir al templo el día de la salida, la oración ante los titulares, la noche de Sevilla en el cirio grande de ese primer año. La voz del capataz tan cerca que Dios parece hablar. Los ciriales en la esquina y el olor de Jerusalén en tu memoria. No sé porqué soy feliz. Será que esas pequeñas cosas se escriben con letras y forman parte de nuestra vida. Y no hace falta pagar por ella porque son obra del Dios del tiempo cruzado. Se cruza en nuestra vida y ahora no hay quien deje de ser feliz. Con las pequeñas cosas que se aprenden sin querer en las cofradías, en las hermandades que tantas buenas personas tienen. Aunque a veces parezca que no. La cuenta está en la barra.
About Álvaro Carmona (72 Articles)
Opinión. Podólogo, poeta y redactor de 'El Programa' de Ondaluz Sevilla. Hermano de San Benito, Dulce Nombre de Bellavista, Pastora de Santa Marina, Araceli, Cabeza y Asunción de Cantillana. Twitter: @alvcarlop

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