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En imágenes, el Jueves Santo del revés

El Jueves hizo gala de su atemperada personalidad en primavera, y por desgracia, cumplió sus peores pronósticos. Pronósticos que, si bien eran negativos, desde mucho antes de la Semana Santa se diagnosticaba como el día más difícil de todos por la alta probabilidad de lluvia.

Las dos primeras en poner la cruz de guía casi en paralelo debían ser los Negritos y las Cigarreras. En la capilla de la fábrica de tabacos no hubo lugar a dudas: este año el Señor y la Virgen no salen. En la puerta Carmona, la misma decisión azotaba a los hermanos, si bien las palabras de «en mayo saldremos para la coronación» enfriaban la descafeinada tarde.

La siguiente, la Exaltación. Catorce años sin conocer el mármol de Santa Catalina. Catorce años son muchísimos años para cualquier cosa, y más cuando estás fuera de tu casa. El Señor de la Exaltación y la Virgen, en sus pesados y respetables pasos, esperaban una decisión. La tarde no permitió que el Señor volviera a mirar el dintel de Santa Catalina y la junta decidía suspender su estación de penitencia ante las fuertes tormentas.

Montesión hacia lo propio, y es que no quedaba otra opción en la baraja de tiempo en la que se movían. Ante la duda, era mejor disiparlas y no jugar con el patrimonio, una decisión dura pero agradecida por todos ante el peligro del tiempo tan violento. Tras un lapso de tiempo y el rezo del Viacrucis, los hermanos abrían la capilla para que los fieles y devotos vieran sus pasos engalanados.

El Valle sí quiso. Amainó bastante el tiempo (aunque sin retirar las rachas de viento), y decidió poner su cruz de guía en la frontera con la calle Laraña, que rápidamente se llenó de un público huérfano de nazarenos ese día. El corto trayecto a la Campana se hizo rápido por el avanzado ritmo de sus tres pasos (la Virgen llegó en una misma chicotá desde la puerta hasta las aldabas del palacio vecino) y pudo completar la estación de penitencia en el orden que le tocaba.

Fotografías: Juan Santacana, Manuel Jesús Pérez, Pepe Cruz.

La Quinta Angustia, la siguiente en orden de salida, también decidía poner la cruz con enaguas en la calle. El cortejo de nazarenos morados buscaba la Campana, para ser la primera hermandad del día, mientras el grisáceo cielo levantaba sospechas en los asistentes pero pronto anocheció y la estación se completó sin mayores desórdenes.

Pasión completaba este Jueves Santo partido por la mitad. Ante la valentía de las antecesoras, no iban a ser menos y también quisieron dar muestra pública de fe. El Nazareno de Pasión, exuberante, lucía túnica lisa para disgusto de los correctos. La Virgen de la Merced salía tras el larguísimo cortejo de nazarenos que le antecedían, con la candelería encendida al completo que no tardó en apagarse por las intermitentes rachas de viento. Con todo, el cortejo es espectacular, y las imágenes, de las mejores de ese día.

Fotografías: Juan Santacana, Manuel Jesús Pérez.

Un Jueves atípico y utópico (se comentó la disparatada ocurrencia de que ese día se quedara así) que puso tan solo a tres de las siete cofradías previstas para ese día. Y para cerrar, qué mejor refrán que aquél que nunca llueve a gusto de todos.

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