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¿Qué es la Semana Santa?

Hace un mes que Sevilla despertaba para celebrar el primer día de su semana más grande. Un mes del repicar de campanas que se extendía por los cuatro costados de la ciudad. Empezaba el Domingo de Ramos y no caer en la nostalgia ahora es tarea difícil. El cielo azul recibía esas campanadas de la Giralda, y en el Porvenir, el verde del parque se mezclaba con el blanco de los nazarenos. El sueño que la ciudad aguarda durante un año se hacía realidad para llenar las calles con su propia historia. Hoy, esas calles saben a nostalgia. A la cera con que la máquina no ha podido, y que se cuela entre los adoquines sobre los que los costaleros cachearon sus pies. Calles que vivieron la tempestad y ahora viven la calma de las almas llenas de tanta fe. Sevilla sabe llenar sus calles con una espera que dura todo un año, y que como si se tratase todo de un gran ritual, cumple cada día los pasos que llevarán de nuevo al éxtasis soñado.

¿Qué es la Semana Santa?, me preguntan quienes no saben lo que es. Incluso quienes la conocen, pero no la entienden. 

La Semana Santa es la huella imborrable del tiempo en la ciudad. El azulejo que recuerda o alude a una imagen o hecho concreto, La cera consumida y ennegrecida por el paso de los días. Las grandes puertas de madera cerradas que volverán a abrirse cuando la cofradía vuelva a salir. 

La Semana Santa es un sueño estético que una vez pasado, permanece en la memoria. O en las instantáneas de detalles, como estos que los fotógrafos del equipo de Nazaret a Sevilla captaron durante las horas más bellas de cuantos tiempos se cuentan en Sevilla. Son la respuesta a cualquier pregunta. La razón de ser. El detalle del gran sueño estético que la ciudad construye para unos días. El Evangelio hecho arte. Nuestra historia personal desfilando entre nuestros ojos. 

¿Qué es la Semana Santa? 

Es la vela consumida y protegida por el candelabro de guardabrisas, mimada por los auxiliares que se encargan que cada detalle brille. 

El perfil de la Soledad y sus últimas lágrimas sosteniendo los clavos y la corona que dieron muerte a su hijo. 

El estandarte que anuncia el último tramo. 

Los varales del palio que rozan las paredes de la estrechez de una calle. 

El detalle de la Cruz sobre la que se desangra un Cristo. 

Los clavos que traspasan una anatomía perfecta.

La gesticulación de unas manos que quieren transmitir el dolor.

Las caras de quienes ven la Semana Santa desde un balcón, y sin quererlo, se meten en la escena. 

Las miradas cruzadas de cada uno de los personajes secundarios en un misterio que camina con paso firme y a los sones de las cornetas y tambores. 

El ropaje que cae por la canasta de un paso. 

El movimiento en una escena estática.  
La belleza de una alegoría.
Los bordados que realzan unas figuras. 

El contraste de los colores y materiales en una misma escena que ya se marcha y se observa desde detrás.

El Discípulo San Juan al pie de la Cruz aliviando el gran dolor de la Virgen.

El que subido a una escalera ilumina el paso para la noche. 

El cirio que arde y se consume, contenedor de las peticiones y luz en el camino. 

Las llagas sin dolor que pisan flores.

La Cruz de carey y plata sobre la que descansa un paño blanco, como si quisiera aliviar el dolor que contuvo. 

  • Las plumas de los romanos que se mecen al compás de la brisa de primavera. 

La mirada de la Virgen que cruza la escena durante los segundos que el paso tarda en pasar por nuestros ojos. 

Las manos crucificadas que son el llanto desesperado de una madre. 

El contraste de bordados que primorosamente bordaron durante generaciones.

 Las siluetas de quienes acompañan a Jesús al pie de la Cruz. 

Los clavos traspasando el madero en la tarde sevillana. 

El costalero cuya mano toma aire en el costero del paso que porta. 

Un paso marcharse entre lanzas y plumas. 

La mano que expresa. 

La maldad hecha mirada que también se cuela entre los candelabros. 

El romano que quiere creer y que aún no lo hace. 

Las varas en los tramos de nazarenos que escoltan una insignia. Lectura de la historia de una cofradía. 

Cristo muerto y abandonado marchándose en la tarde sevillana entre plumas y candelabros. 

Las manos en la Cruz que no rozan algunas calles por centímetros. 

Juego de volúmenes en una misma escena. 

Ropajes de época para no faltar a ningún detalle. 

El rosario que reza un nazareno durante la estación de penitencia. 

Los niños de la Carrera Oficial pidiendo cera y adelantándose para ver cofradías de cerca. 

El atardecer en la Plaza del Duque cuando el día es una vorágine de sentimientos y la candelería brilla a la luz de las velas. 

Nazarenos que recorren largas avenidas desde el mediodía. 

Y de nuevo, clavos sobre la cruz. 

Interminables filas de nazarenos que de pronto llenaron calles con el sentir de un barrio. 

Un palio volviéndose a los enfermos. 

El contraluz de un palio que es un altar de detalles. 

La mirada al cielo de un nazareno. 

Y un Cristo marchándose en la oscuridad de la noche. 

El contraste de un Cristo ante un gran retablo. Escena efímera de la Semana Santa. 

Un palio que vuelve lentamente a su templo. 

La Cruz desnivelada de un penitente que acumula el cansancio de las ultimas horas. 

La Luz de la luna sobre el cielo sevillano para la noche más hermosa.  

Un dorado avanzando en la oscuridad de la noche. 

La Giralda siendo testigo de escenas para el corazón. 

Unos faldones que descansan sobre el pavimento encerado de las calles de Sevilla. 

El juego de luces de la tarde. 

Los contrastes del día. 

El reflejo de unos candelabros de guardabrisa sobre el cristal de una tienda centenaria. 

Las alegorías el Sábado Santo. 

El cirio que camina entre los árboles de las plazas. 

Los pétalos que se quedan entre los bordados. 

Las imágenes que se sobreponen a otras, creando composiciones únicas. 

La rosa que descansa oraciones en el canasto. 

Un palio en la mañana de Resurrección. 

Las miradas desde las ventanas. 

El Barrio en la calle. 

El verde de la primavera sevillana que abraza a las cofradías. 

La Luz y el humo del incienso que confunden escenas en la noche. 

El nazareno solitario que camina por las calles. 

El día y la luna acompañando a Cristo muerto. 

Un arco y unas plumas. 

La Resurrección. 

La visita a quienes no pueden salir a las calles. 

Los Armaos en el Hospital Virgen Macarena. 

Los pequeños armaos. 

Escuela sevillana de armaos. 

Las lanzas entremezcladas con plumas. 

Tambores embellecidos. 

Madera preparada para la estrechez de una calle. 

About Alberto Espinosa (58 Articles)
Redactor en De Nazaret a Sevilla. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Periodista. Twitter: bertieespinosa.

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