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VIII Ciclo de conciertos Manolo Pardo

Un año más, la Banda de las Cigarreras anuncia su anual ciclo de conciertos «Manolo Prado…In Memoriam». Se alcanza la octava edición de este ciclo de conciertos en templos de la ciudad de Sevilla, que nació con el fin de acercar la música a diversos rincones de nuestra ciudad y honrar la memoria de aquel que con su sapiencia se convirtió en el primer maestro de la Banda de Las Cigarreras, inculcándoles todo cuanto él retuvo de su paso por la Banda de la Policía Armada: El querido Manolo Pardo.

Como viene ocurriendo en las últimas ediciones, el ciclo de conciertos «Manolo Pardo… In Memoriam» constará de dos conciertos en templos sevillanos, en este caso los templos escogidos son la basílica del Santísimo Cristo de la Expiración (sede de la Hermandad del Cachorro) y la parroquia de San Julián (sede de la Hermandad de la Hiniesta).

Como ya es tradicional en la Banda de Las Cigarreras, el repertorio de estos conciertos constará de marchas procesionales acordes a la idiosincrasia del lugar de los conciertos, así como de las hermandades que los acogerán.

Organizado gracias a la colaboración de la Hermandad del Cachorro, el primer concierto del VIII Ciclo de Conciertos «Manolo Pardo… In Memoriam» llevará por nombre Entrego mi alma, y tendrá lugar en la basílica del Santísimo Cristo de la Expiración el viernes 7 de febrero de 2020 a las 21.15 horas.

Por su parte, gracias a la colaboración de la Hermandad de la Hiniesta, el segundo de los conciertos de este VIII Ciclo de Conciertos «Manolo Pardo… In Memoriam» nos llevará el viernes 6 de marzo a las 21.15 horas a la Parroquia de San Julián bajo el título de En tu Buena Muerte, un nombre que además de ser el título de una de nuestras marchas más insignes, casa a la perfección con la advocación del soberbio crucificado de la Hermandad de la Hiniesta.

MANOLO PARDO.

Natural de Zahinos (Badajoz), tiene su vinculación con la Banda de Las Cigarreras allá por el periodo comprendido entre 1979 y 1980, cuando en una de sus sesiones de “footing” por las inmediaciones del recinto de la feria, se acercó a un grupo de jóvenes, germen de lo que hoy conocemos como Las Cigarreras, los cuales intentaban tocar con más voluntad que conocimientos marchas de cornetas y tambores, y de forma desinteresada se ofrece a echarles una mano. Pronto cambiaría sus sesiones de “footing” por largas noches de ensayo junto a ellos, poniendo las primeras bases de donde se sustenta la música que hoy día conocemos como estilo de Las Cigarreras.

Bajo su tutela, la Banda dejó el estilo de la Guardia Civil y se centró definitivamente en las composiciones del llamado en Sevilla estilo de la Policía Armada, que no era otro que el creado por el genial músico linarense Alberto Escámez López, estilo que en su día importó la banda de la Policía Armada de Sevilla y del cual Manolo Pardo era un gran conocedor.

Cuando se produce este cambio se abre un debate  sobre la conveniencia de mantener en las interpretaciones de las marchas los instrumentos adoptados para realizar los bajos, llegando al acuerdo de mantener las trompetas, lo que sería a la postre uno de los primeros sellos de identidad del estilo de la Banda de Las Cigarreras.

Bajo la directriz de Manolo Pardo, en un corto periodo de tiempo, la Banda comenzó a trabajar de oído todo el repertorio clásico de las bandas de cornetas.  Una vez terminado dicho repertorio, Manolo Pardo se hace con una serie de partituras del archivo de la Banda de la Policía Armada, las cuales nunca habían sido interpretadas en Sevilla, llevándolos a estrenar marchas inéditas de los compositores clásicos del estilo.  Sirva como ejemplo de este último comentario la composición de Zueco Ramos La Soledad de San Pablo, cuya primera interpretación conocida la realiza la Banda de Las Cigarreras.

El hecho de que la Banda comenzara a trabajar composiciones inéditas, unido a la falta de conocimientos musicales de sus componentes de entonces, hizo necesario la colaboración de músicos externos que aportaran su sapiencia como complemento a los recursos con los que contaba la Banda en esos momentos. En esta faceta habría que destacar a D. Bartolomé Gómez Meliá, quien colaboró puntualmente con la Banda y junto a Manolo Pardo alentaron a los componentes para que comenzaran a adquirir las primeras nociones de solfeo, para en un futuro no muy lejano poder hacerse cargo de la dirección musical de la misma.

Hasta su prematura muerte, acaecida el Domingo de Resurrección de 1991, estuvo muy vinculado a la Banda y siempre colaboró en los proyectos musicales de la misma.  Así, generación tras generación, su nombre siempre ha estado presente en la vida de la Banda de Las Cigarreras, no solo por todo cuanto aportó como músico sino también como persona, siendo considerado su Maestro.

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