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La música es la poesía del aire

La frase que da título a este artículo de opinión pertenece al ingenioso escritor alemán Jean Paul Richter, figura clave de la literatura europea de finales del XVIII y principios del XIX, cuya lectura es siempre aconsejable. Dentro del mundo cofrade, es aplicable tanto para un concierto, un pregón o una procesión. Los hermanos de la Quinta Angustia decidieron el pasado jueves que al acompañamiento musical habitual de capilla musical y voces se le unirá una banda de música, concretamente la de Nuestra Señora del Carmen de Villalba del Alcor. Banda que acompaña a la Virgen de la Cabeza de las Siete Palabras desde 2017. La corporación de la Magdalena no llevaba este tipo de acompañamiento desde hacía más de 100 años. Es decir, será algo inédito para todos los que allí estemos.

La noticia ha traído cierto revuelo en algunos ambientes casposos sevillanos. Cómo no. Los guardianes de la esencia, que se encasillan en sus clichés maniqueos, donde parece hasta irreverente acompañar a una imagen con música sacra (en este caso la banda de música no es otra cosa), se han manifestado molestos con la decisión. Recordemos que en la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo ganó el «No» en una votación similar. Dentro de ese ranciedad terminal en la que algunos quieren vivir, les parece más místico y religioso si los pasos van sin banda que si van con ella. Nada más lejos de la realidad. Y no habló de los lógicos gustos personales que cada uno pueda tener en éste o en otros temas. Ellos van más allá. Como siempre.  

Las bandas de música, al igual que las de cornetas y las agrupaciones musicales, son un complemento más de la imagen. Quien lo vea como banalización o algo «antireligioso», para empezar, debería leer el que dicen es su libro de cabecera: la Biblia. Ahí encontrará múltiples referencias a la música y el papel fundamental que ésta juega en los asuntos celestiales. Ya lo dijo Igor Stravinsky al escuchar la marcha «Soleá, dame la mano» detrás del paso de la Virgen del Refugio: “Estoy escuchando lo que veo y estoy viendo lo que escucho”. 

El próximo Jueves Santo, mientras una inmensa mayoría de cofrades estaremos con el babero – si me permiten la expresión – viendo a ese sobrecogedor misterio a los sones de maestros como Font de Anta o Francisco Grau, entenderemos a Stravinsky. Al mismo tiempo, el rancio terminal estará a disgusto y no disfrutará del momento. Ellos pensarán que eso de la banda de música, como tantas otras cosas que hay en la Semana Santa, empobrece la celebración. La vida es una Semana, dijo alguien en un atril, pero algunos se pasan esa semana enfadados con todo y con todos. Qué pena. 

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